Gasteiz no se conformó con hacerse una pregunta
También en Gasteiz el cambio era posible. Las últimas elecciones confirmaron que en Nafarroa lo era, posible y necesario arrebatar el control de las instituciones a un régimen que llevaba décadas traspasando eso que ahora se denomina «líneas rojas». Las que los partidos de la oposición en la pasada legislatura y sobre todo la mayoría de los gasteiztarras consideraban pisoteadas por Javier Maroto. El alcalde, viendo en peligro su continuidad, apostó fuerte y creyó haberlo conseguido, pero se topó con una ciudadanía que ya había advertido que no todo vale.
A la luz de los resultados electorales, nuevamente con dos tercios del Consistorio que consideran inaceptable la actitud del ahora alcalde saliente y su partido, y ante la indecisión y los cálculos partidistas de algunos grupos políticos, la mayoría de los ciudadanos de Gasteiz miraban hacia Iruñea con envidia y se preguntaban por qué en Gasteiz no. Pero no se limitaron a esperar la respuesta, sino que se movilizaron, como ya lo habían hecho antes, para no tener que escuchar una explicación francamente difícil en parámetros racionales y éticos. Y la presión social demostró que también en Gasteiz era posible. La presión social junto al empeño de una formación, EH Bildu, que ya antes de los comicios había señalado el objetivo de desalojar al PP de la Alcaldía y tras las votaciones no tiró la toalla, hasta el punto de ofrecer su voto a otra formación, primando el interés de los gasteiztarras sobre el propio y renunciando a la posibilidad de acceder a la Alcaldía como segunda fuerza más votada. Haciendo un alarde de generosidad, en palabras del presidente del ABB del PNV.
Gasteiz ha demostrado que definitivamente no es una ciudad sumisa y anclada en valores espurios. Es una ciudad viva y que no admite ser representada por quienes excluyen y discriminan, que apuesta por la inclusión y la solidaridad. Y quienes quieran representarla han de tener muy en cuenta al servicio de quién están.