Inflación: suavizar el golpe y eliminar dependencias
El evidente encarecimiento de la vida durante los últimos meses se dejó notar ayer en el índice de precios de consumo (IPC). La inflación interanual ronda el 5% en toda Hego Euskal Herria, con Araba (5,4%) y Nafarroa (5,3%) a la cabeza, Bizkaia (5%) muy cerca y Gipuzkoa (4,3%) a poca distancia. El IPC es un indicador parcial con algunas virtudes y muchos vicios, pero, en este caso, lo que reflejan sus datos coincide con la experiencia diaria de la gente. Solo en 2026, los precios se han encarecido un 3,9%.
Los precios de la energía fósil –petróleo y gas–, son los grandes responsables de este aumento de la inflación, tanto de un modo directo –el que puede palparse en cualquier gasolinera– como indirecto, al tener una economía estrechamente ligada al consumo de combustibles fósiles. La carestía del petróleo y sus derivados no solo se nota en el precio del diésel o el gasóleo, también dejan su huella en la cesta de la compra, los precios de la construcción o los servicios turísticos. Es el precio a pagar por un sistema global que depende del petróleo hasta para alimentar a la mayoría de la población.
Entre las sucesivas crisis que, de Ceuta a Maricarmen, hacen oscilar el péndulo del debate público de un espectro a otro del mapa político, el sostenido crecimiento de la inflación está pasando de puntillas en el Estado español. ¿Hasta cuándo? Cuesta ver el malestar mientras se va acumulando, más con una carrera electoral ya lanzada, pero las instituciones vascas deberían anticiparse y dar respuesta a esta crisis en ciernes. Porque los relativamente buenos datos macroeconómicos no sirven de mucho si la cesta de la compra crece mucho más rápido que los salarios. Los ingresos extraordinarios que la alta inflación deposita en las arcas públicas deberían ser suficientes para articular medidas coyunturales que amortigüen el golpe de forma progresiva, centrándose en quien más lo necesita y no en quien más kilómetros recorre. Pero estructuralmente, no puede seguir obviándose el inasumible precio que conllevan una economía y una sociedad encadenadas al consumo desenfrenado de combustibles fósiles. Poner fin a esta dependencia es una prioridad de país.