La capitulación europea ante Washington, en vigor
La Unión Europea puso en marcha ayer dos medidas en defensa de su economía con las que obtuvo titulares favorables para la Comisión encabezada por la alemana Ursula von der Leyen. Por un lado, entró en vigor la tasa de tres euros para pequeños paquetes de menos de 150 euros importados sobre todo de China a través de plataformas como Amazon o Temu. Son el 97% de las mercancías importadas en la UE, pero solo representan el 2% del valor total de las importaciones y tienen a las aduanas saturadas. La idea parece pertinente, pero en Bruselas pasa tanto tiempo entre el anuncio de una medida y su entrada en vigor que la trampa está hecha antes que la ley. En este caso se mira a Suiza, que no forma parte de la Unión –no está sujeta a la tasa–, pero sí del mercado único, así como al almacenamiento en grandes centros logísticos construidos en países como Hungría y Polonia, que también pueden servir para sortear la tasa.
La segunda medida consiste en una reducción de la cuota de acero que se importa sin aranceles desde terceros países, una medida que busca sobre todo contener parcialmente a China, partiendo de que la balanza comercial está completamente volcada a favor del país asiático.
Un vistazo al calendario, sin embargo, permite cuestionar si los objetivos de estas medidas tienen que ver con la economía real o con la construcción de una narrativa que haga frente a la cruda realidad: ayer fue el día en el que la UE dejó de cobrar aranceles a los productos industriales estadounidenses a cambio de que Washington deje en un 15% los gravámenes que cobra a la mayoría de productos europeos. Es decir, hoy entra en vigor el pacto de la vergüenza que Von der Leyen selló con el presidente estadounidense, Donald Trump, en Escocia el pasado verano. Una capitulación que resta toda credibilidad a Bruselas cuando se declara dispuesta a defender a su industria y reduce su margen de maniobra en muchos ámbitos. Dos medidas secundarias no pueden maquillar una claudicación que apuntala la asunción por parte de las autoridades europeas de un carácter subalterno en la reconfiguración geoeconómica que, poco a poco, se va dibujando.