La cuestión no es 2015 o 2016, pero sí es decidir

El anuncio de que EH Bildu se apresta a llevar al Parlamento de Gasteiz una ley de consultas para un referéndum en 2016 ha tenido un efecto inmediato: devolver a primer plano político e informativo un tema crucial que llevaba mucho tiempo fuera de agenda. Las prisas con que Lakua (Josu Erkoreka) y el PSE (Idoia Mendia) corrieron a desmarcarse anticipan lo previsible: que la propuesta no saldrá adelante. Y quizás su siguiente paso sea acusar a EH Bildu de promover algo meramente testimonial.

Sin embargo, mucho más testimonial, estéril y frustrante ha resultado el compromiso electoral del PNV en 2012 de que se sometería a votación un nuevo estatus en 2015. A punto de superarse ese horizonte, desde Sabin Etxea y Lakua tienen muchas cosas que explicar: cuál es la razón del incumplimiento; qué busca la ralentización artificial de la ponencia de autogobierno; por qué se insiste en tesis claramente irreales, como la posibilidad de un acuerdo a cuatro bandas en ese foro o la conversión espontánea de Madrid a la democrática «vía escocesa»; por qué se prefiere pactar con el PSE en aras a la «estabilidad» cuando EH Bildu la garantizaría plenamente (dos tercios del Parlamento) y es la opción preferida por las bases jelkides según encuestas; por qué lo que sí fue posible y deseable en Lizarra (este sábado se cumplen diecisiete años) no lo es ahora; cómo pretende Iñigo Urkullu abanderar el legado de Juan José Ibarretxe cuando abominó públicamente de su estrategia («nos metió en aventuras», «muchos días tengo que hacer actos de fe para que sigamos unidos»)…

Llegados a este punto de bloqueo, a tal grado de inacción, la iniciativa de EH Bildu es positiva ya solo con provocar una sacudida, una clarificación a partir de la que construir: no será en 2015, seguramente tampoco en 2016, pero debe ser. Las condiciones siguen estando dadas, de Catalunya a Gure Esku Dago pasando por Escocia o la crisis del Estado español; solo hace falta querer aprovecharlas.

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