La fortaleza de un movimiento que se pone al servicio del pueblo al que pertenece con orgullo
El congreso de Sortu que ayer concluyó en Irun supone una reordenación estructural, una renovación generacional, una reafirmación en compromisos históricos, una adaptación al nuevo tiempo y una proyección a futuro del legado y del capital político de una de las organizaciones emblemáticas del movimiento de liberación nacional vasco. Eso es, al menos, lo que han transmitido sus dirigentes en esta fase final del proceso congresual.
En un momento en el que los partidos políticos «tradicionales» sufren tensiones internas, cuestionamiento social y desgastes de todo tipo, Sortu ha completado sin ruido una reflexión estratégica y un cambio de modelo acompañado por sus bases.
Las crisis que viven en este momento el PNV –con su tormentosa transición de liderazgo y sus problemas obvios para remontar vuelo–, el PSN y el PSE –los unos con las réplicas forales del «caso Koldo», los otros subordinados a los designios jeltzales y a la suerte de Pedro Sánchez–, el PP –en modo gestora en la CAV e intentando sacar la cabeza en Nafarroa–, UPN –sin cabeza y sin poder– o la izquierda confederal –desnortada y a la gresca adentro y afuera– tienen naturaleza y causas diversas, pero reflejan una incapacidad orgánica para gestionar liderazgos, militancia y tiempo político. Contrastan con la seriedad mostrada por la izquierda abertzale.
En ese mismo sentido, es reseñable la capacidad de ese movimiento político para renovarse. La imagen de Xabi Iraola liderando este cambio tiene un valor en sí misma, cuando tanto se cuestiona los compromisos y la cultura militante de la juventud.
Velocidad, cambios, adaptación y pueblo
En general, las críticas que recibe habitualmente el movimiento independentista de izquierdas por parte del establishment o de otros adversarios responden a esquemas antiguos, reflujos de la fase histórica anterior o de nostalgias. Son críticas paródicas, reposiciones de viejos capítulos. No muestran conciencia de la velocidad a la que están cambiando las cosas.
En esa línea, es significativa la forma explícita y rotunda en la que Sortu afirma que la sociedad vasca ya ha cambiado y cómo eso obliga a mirar la realidad del país con otras lentes. En tiempos de aceleración, la obsolescencia es más aguda para todos. Quienes entiendan ese factor y se apliquen tendrán una ventaja.
Si se lee la ponencia "Herri Gogoa" y se escuchan las reflexiones de sus líderes, se entiende que este congreso implica cambios profundos en el posicionamiento de Sortu dentro del «ecosistema» del independentismo de izquierdas. Algo que ya se vislumbraba en el proceso que hizo Euskal Herria Bildu.
Por así decirlo, priorizan militancia sobre identidad, alinean discursos y realidades, optimizan recursos, innovan sin perder el hilo histórico. Todo resulta bastante lógico, pero tiene mérito acertar a reflejarlo. No fiarse de la inercia, adelantarte y reconducir cuando estás bien, es un signo de inteligencia.
En su balance, Sortu entremezcla una visión crítica de algunas tendencias y riesgos que afectan a la salud de la nación vasca con la reivindicación de un conjunto de logros innegables. Más allá del éxito electoral sostenido, destacan el desbloqueo de cuestiones vitales para esa comunidad y para el país, sobre todo haber encarrilado la situación de presos y presas.
Sin triunfalismo, no se abstraen de las amenazas que existen, tanto a nivel mundial como en Euskal Herria. Sin embargo, muestran confianza en el pueblo. Quizás, esa es una de las claves que les diferencia de otros: a la izquierda abertzale le gusta el pueblo al que pertenece y los cambios que propone son al servicio de ese país y su ciudadanía. Así se entiende mejor la propuesta de la República vasca y, en general, el proyecto de emancipación nacional y social.