La ocasión sigue ahí; el aval internacional, también

La salida de prisión de Arnaldo Otegi no solo ha tenido un evidente efecto revitalizador anímico e ideológico sobre los independentistas de izquierda. En el ámbito político vasco ha resituado además algunas coordenadas perdidas. En el español, ha devuelto la cuestión vasca a agendas en las que no aparecía hace tiempo. Y en el exterior, va revelando que la disposición de la comunidad internacional a colaborar en la resolución continúa ahí. La gira iniciada en Irlanda, continuada ayer en Londres y rematada entre hoy y mañana en Bruselas reaviva un interés que se escenificó en Aiete y que ciertamente luego ha quedado difuminado, pero en ningún caso enterrado, por el bloqueo de los estados español y francés (con todos los pies de barro que se quiera pero dos potencias europeas, como conviene no olvidar).

La acogida a Otegi en el Ard Fheis, ayer en Wesminster y hoy en el Parlamento Europeo tiene parte de reconocimiento personal a alguien que ha luchado por un nuevo escenario sin violencia y ha sido encarcelado por ello. Pero va mucho más allá. La reunión con Jonathan Powell y los mensajes posteriores dejan claro que no es una gira-homenaje, sino una ronda política para reactivar compromisos que Madrid quizás creyó ya amortizados con su «stop» al punto dos de la Declaración de Aiete. Al contrario, la consecuencia es que hoy ese estado está un poco más deslegitimado ante los ojos de la opinión pública europea, no solo por su oposición a negociar como en Colombia sino también por su rechazo a dejar votar como en Escocia. Y por contra, al independentismo representado por Otegi se le abren tantas puertas, o más, que antes.

Operativizar esta disposición de la comunidad internacional seguirá siendo difícil mientras Madrid, hoy sin gobierno, y París continúen cerrados en banda. Pero de momento es buena noticia que siga ahí, consciente –como resumió Powell– de que el conflicto vasco es un asunto europeo, sigue vivo y hay una oportunidad de finiquitarlo.

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