La UE rectifica, Aznar pierde, Cuba suma y sigue

El representante de Cuba, el canciller Bruno Rodriguez, y la alta representante de la UE para la Política Exterior, Federica Mogherini, firmaron ayer un acuerdo bilateral de diálogo político y cooperación que pone fin a 20 años de política unilateral de restricciones por parte de la Unión Europea. En 1996 y coincidiendo con el «periodo especial», Estados Unidos dio una vuelta de tuerca al embargo que mantenía sobre Cuba con la aprobación de la famosa ley Helms-Burton que restringía todavía más las posibilidades de hacer negocios con la isla caribeña. En ese contexto, el recién elegido presidente del Gobierno español, José María Aznar, impulsó una línea similar en la UE, conocida como «posición común» que finalmente ha decaído con la firma ayer del nuevo acuerdo bilateral.

Este paso muestra al menos dos cuestiones. Por un lado, el uso mendaz que hacen los gobiernos occidentales de la retórica de los derechos humanos y el pluralismo político, cuyo único fin, la mayor parte de las veces, no es otro que influir en las decisiones legítimas de los gobiernos de otros países e intentar doblegar su voluntad soberana. Por otro lado, que el cambio de posición de la UE llegue dos años después de la apertura de relaciones entre Cuba y Estados Unidos y casi dos meses más tarde de la última resolución de la ONU instando a eliminar el bloqueo –aprobada sin votos en contra y solamente con dos abstenciones– muestra el verdadero carácter de la política exterior común, marcada por la ausencia total de criterio propio y el vergonzoso seguidismo a los intereses estadounidenses.

Todavía más servil resulta la postura española impulsora de la política de restricciones con Aznar y que ahora pretende arrogarse el liderazgo de la nueva etapa. Pero como recordó el canciller cubano reconociendo los avances logrados durante la presidencia de la UE por el Estado francés, los espacios que se abandonan son ocupados por otros actores. Y la perseverancia termina dando sus frutos.

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