Los votos se cuentan allí, pero los cambios se lograrán aquí
Unas elecciones como las de hoy suponen básicamente actualizar la fotografía de la voluntad popular, con todos los matices que se quiera. Y un diario como este se basa en la noticia, lo nuevo. Por eso esta noche resultará obligado, incluso para un medio de otro país diferente como GARA, mirar con detenimiento a los movimientos que se produzcan en el mapa del Estado español, al igual que hace uno y dos domingos fue inevitable reparar en qué pasaba en el francés.
Aunque el prisma estatal lo haya invadido todo en esta campaña, lo emergente no se ha inventado estrictamente en 2015. Si en la noche del 20 de noviembre de 2011 España miraba a Euskal Herria para descubrir una realidad absolutamente diferente con la irrupción de Amaiur y su potencial transformador importante, este 20 de diciembre de 2015 el tablero español aparece bastante más movido que el vasco, y en consecuencia un punto más atractivo informativamente.
Ello ha contribuido a que la campaña, al contrario que aquella de cuatro años iniciada apenas dos semanas después de Aiete y el fin de la lucha armada de ETA, haya tenido un carácter netamente español y escasamente vasco. Y eso que alicientes no faltan en Euskal Herria, se mire al herrialde que se mire. Alicientes no ya cuantitativos –quién gana y quién pierde, quién sube y quién baja, dónde, cómo y por qué–, sino cualitativos –qué transformaciones puede impulsar, o no, el escenario que resulte, esa foto actualizada del país–.
Nuevo mapa no es nuevo tiempo
Hubo un momento bastante cercano en que pareció efectivamente viable un nuevo tiempo en España. Y no era esta vez el «amanecer» franquista, sino la opción del ocaso definitivo de la reforma que ha continuado a aquella dictadura. En ese tiempo, fenómenos como el 15M de la Plaza del Sol madrileña parecieron reflejar una efervescencia de cambio similar a la que en Euskal Herria simbolizaban la explosión del Arenal con la legalización de Bildu, o el llenazo en la calle Autonomía en las mayores movilizaciones de la historia vasca por los derechos de los presos y la resolución. Aquellas mareas han cedido, allí y aquí, y lo que queda ahora son las opciones de dar eficacia política a ese rumor de fondo.
Los poderes fácticos del Estado español, a los que no conviene subestimar pese a la podredumbre generalizada del sistema, han maniobrado a tiempo. Y han materializado una jugada similar a la que realizaron en Euskal Herria hace una década, pero a la inversa. Si entonces para mejorar la relación de fuerzas unionista se optó por sacar a un jugador del campo de la política legal, la izquierda abertzale, en esta ocasión el invento ha consistido en introducir uno más en el césped: Ciudadanos, una formación inequívocamente de derechas y más facha en la cuestión territorial de lo que el PP se puede permitir sin incurrir en incoherencias históricas.
Por el momento, con ello al Estado profundo le saldrán las cuentas, al menos esta noche. Otra cosa será lo que ocurra a medio-largo plazo. No está de más recordar que aquella artimaña en tierra vasca que acabó llevando a Lehendakaritza al tándem PP-PSE no solo tuvo un recorrido efímero, sino que deparó un contrataque en toda regla, con un giro estratégico del independentismo que ha volteado el partido y ha reducido a ambas formaciones a mínimos históricos en los cuatro herrialdes. Quizás en España termine ocurriendo algo similar, pero no será hoy, cuando lo previsible es un nuevo mapa político mucho más coloreado que el anterior, pero no un nuevo tiempo sobre coordenadas absolutamente diferentes, como sí ha ocurrido en Euskal Herria.
De Catalunya y Euskal Herria depende
Levantando la vista mucho más allá de estas elecciones, si algo está claro a estas alturas de la Historia es que la democratización del Estado español es harto difícil, por no decir imposible. Y que si se logra algún día será paradójicamente por la fuerza centrífuga, hacia fuera, que ejerzan Catalunya y Euskal Herria. Basta repasar los sucesivos relevos en la Moncloa (Aznar aupado por el estallido de los GAL, Zapatero impulsado por la mentira sobre la autoría del 11M...) para recordar el impacto de la irresuelta cuestión vasca en cada crisis española. Del mismo modo, la actual encrucijada estatal no puede entenderse sin la ofensiva soberanista catalana. Así que hoy los votos se contarán allí, sí, pero el cambio, de haberlo, empezará y acabará aquí.