Moviendo el elefante de los macrojuicios políticos

El acuerdo alcanzado ayer en la Audiencia Nacional es una buena noticia primeramente por lo obvio: Jon Patxi Arratibel, Iñigo González, Gorka Mayo, Iker Moreno y Gorka Zabala no tendrán que volver a prisión, lo que solo habría aumentado su calvario de estos últimos cinco años y supuesto un revés en el objetivo colectivo de vaciar las cárceles. Pero más allá del caso concreto, es una gran noticia porque asienta la senda abierta por el pacto del sumario de Segura de 2007, que llevó al banquillo a 35 militantes independentistas. Aunque todavía no sea la regla, con lo ocurrido ayer esta fórmula ya supera la categoría de mera excepción.

Antes que nada es preciso contextualizar el punto en el que estamos, porque estos acuerdos no son el fruto de una componenda puntual, sino el resultado final de un trabajo continuo que tiene punto final en Madrid pero se inicia en Euskal Herria. Resulta evidente que sin los muros populares de Donostia, Ondarroa, Iruñea, Gasteiz y demás al Estado le hubiera seguido saliendo gratis llenar las prisiones. Que sin los recursos a Europa, sus tribunales especiales continuarían condenando con total impunidad. Y que sin la decisión de ETA de octubre de 2011 las leyes de excepción continuarían endureciéndose y no se habría llegado a la rebaja de grado para delitos «menos graves» que ha terminado desembocando lógicamente en estos acuerdos. Siguiendo con la metáfora que hicieran popular en Bergara quienes reivindicaban la libertad de José Luis Elkoro, es toda esa constancia, paciencia y determinación la que termina moviendo a un elefante.

Todo ello muestra que estos acuerdos no son una concesión graciosa de Madrid, sino pequeñas victorias arrancadas a pulso. Igualmente erróneo sería pensar que conllevan una renuncia a las convicciones propias: la señal más clara fue la nitidez con que estos cinco jóvenes navarros reiteraron su denuncia de torturas nada más salir de la Audiencia Nacional, libres y a la vez insobornables.

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