Oportunidad y complejidad para el cambio político en Nafarroa

Como no podía ser de otro modo, el pasado 30 de diciembre toda la oposición navarra, a excepción del PP, votó junta para rechazar la ley del ministro Gallardón sobre el aborto. Como no puede ser de otro modo, no era la primera vez que Bildu y PSN coincidían en el voto. Es más, en esa misma votación, UPN y PP se sumaron al resto de grupos a la hora de señalar la importancia de trabajar en la prevención de los embarazos no deseados. Lógicamente, PSN y Bildu han vuelto a coincidir poco después en la Comisión de investigación sobre el Caso Goicoechea, al refrendar unas conclusiones que ponían de manifiesto que la consejera había utilizado su cargo en interés propio, protagonizando el enésimo escándalo de clientelismo y corrupción de este Gobierno, el que parecía que iba a ser el último. El PSN había llevado su exigencia de dimisión y adelanto electoral hasta su máximo retórico, y parecía que esta vez sí iba a ser la vencida. Hasta el jueves.

Apenas siete años después del «agostazo» sucedía el «marzazo», solo que esta vez Ferraz imponía su criterio sobre el PSN no ya para evitar un Gobierno de coalición con Nafarroa Bai, sino para evitar que la ciudadanía navarra pueda votar, con la excusa de que para ello habría coincidencia de voto con Bildu (sí, la pregunta más obvia es ¿acaso los socialistas no habían hecho esta suma tan sencilla antes de ponerse tan, tan chulos?). La patraña se redondea al justificar esta decisión diciendo que Barcina debería dimitir y no «parapetarse en Bildu».

Lo sustancial es que el PSN considera, junto con el resto de la oposición, que lo mejor para Nafarroa y sus habitantes es convocar unas elecciones en las que la ciudadanía pueda censurar con su voto a este Gobierno, mostrando cuáles son las relaciones actuales y reales de poder en la comunidad, y dando paso a un nuevo Gobierno que represente el interés de la ciudadanía en su conjunto, con políticas que aparquen de una vez por todas el clientelismo, la corrupción, el empobrecimiento de las capas populares, que sea inclusivo con toda la ciudadanía navarra y lleve a cabo políticas progresivas que a medio plazo sean capaces de revertir la quiebra económica, política y ética a la que ha llevado al herrialde el Gobierno de UPN. Es decir, el PSN tiene claro qué es lo mejor para sus representados y, sin embargo, por órdenes de Madrid, ha decidido no actuar en consecuencia y mantener a Yolanda Barcina en el Gobierno durante un año más. Es decir, ha hecho lo peor para su gente y lo peor para sí mismo, y lo ha hecho con plena conciencia. Así de sencillo, así de indecente.

Un señor de Murcia y una joven de Granada

Es mentira que, por poner un ejemplo, un señor de Murcia y una joven de Granada que están contra el aborto y la corrupción y que pensaban votar al PSOE el próximo 25 de mayo fuesen a cambiar su voto o a dejar de votar solo porque en Nafarroa toda la oposición ha decidido simplemente dar la voz a la ciudadanía ante una situación políticamente inaceptable. Y si eso no es así, si realmente esas personas, a las que afectan directamente la corrupción y leyes como la del aborto promovidas por el PP, pueden cambiar su voto porque en Iruñea se presente una moción de censura contra Yolanda Barcina, el problema del PSOE es mucho más serio. El del PSOE en particular y el de España en general.

Es tan serio que, si los representantes políticos deciden hacer a sabiendas lo peor para sí mismos y para sus representados y, a su vez, estos votan contra sus propios intereses basándose en mentiras y falacias, es lógico que una parte importante de la sociedad vasca no quiera formar parte de un Estado así.

Un año para un reto refundacional

Partiendo de ese anti-modelo es desde donde se debe diseñar el cambio político en Nafarroa. Atendiendo a las preocupaciones de la gente, a sus aspiraciones, a su realidad. El empobrecimiento de la sociedad navarra ha sido tal, y tiene unos responsables tan identificables, que generar una alternativa debería ser algo relativamente sencillo. Pero no lo es tanto. La fuerza de la costumbre, el poder del stablishment, el hecho probado de que para el Estado español sostener el statu quo es un tema crucial en el que se activan todas sus alarmas –«España se fractura»–y todos sus resortes, son elementos potencialmente decisivos que no pueden obviarse.  

Además, UPN tienen un interés especial en degradar el diálogo político, en tratar de arruinar y hacer inoperativo un concepto tan democrático como el compromiso mutuo y el acuerdo. A falta de argumentos racionales, no les importa atrofiar la política navarra hasta hacer que se convierta en objeto de hastío de los ciudadanos, en algo tóxico y repulsivo, tan polarizado e inoperante que haga que la gente no participe. Y lo hacen porque son conscientes de que cambiar la situación socioeconómica, así como el modelo de autonomía uniprovincial que da la espalda al resto de territorios vascos, requiere precisamente lo contrario. Diálogo, compromisos multilaterales y un acuerdo social que cimiente un nuevo punto de partida, una nueva oportunidad para el cambio radical y estructural que tanto se desea y se merece.

Nafarroa necesita ilusión y liderazgo. Sin tacticismos partidistas, capacidad para gestionar un proceso de cambio sin segregar a nadie, desde el reconocimiento de una complejidad que no es tan diferente a la de otros territorios. Este año hay que demostrar esa capacidad, para implicar a la sociedad en ese reto de carácter refundacional.

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