Reformular preguntas, responder como país

Veinticinco años después de que sectores de la comunidad educativa agrupados en la asociación Sortzen –en el camino se les unió Ikasbatuaz, ikastolas integradas en la red pública– y comprometidos con un futuro para la nueva escuela pública vasca presentaran los pilares de su apuesta por una escuela euskaldun, plural, integradora, gratuita y con autonomía, ayer volvieron a congregarse en Hernani, localidad que les vio nacer. Un cuarto de siglo de andadura, a veces con pequeños pasos, otras con grandes saltos, y aunque el sistema educativo propio y el modelo de escuela imaginado no se haya materializado, sin duda, se han dado avances importantes. Por citar solo tres: la definición de un currículum propio, el acuerdo para una educación básica, y un ejercicio de desobediencia ante la Lomce al que ya se han adherido más de 150 centros.


No faltarán quienes discutan si la botella está medio llena o medio vacía. Y quienes incidan más en lo que se debería haber avanzado y no pongan en valor las experiencias, las capacidades y los logros de una comunidad educativa organizada y vibrante. Y es que, como ayer dijeron los representantes de Sortzen-Ikasbatuaz, «dime cómo es la educación y te diré cómo es la sociedad». Lejos de la resignación distinguida y de la utopía encantada, es posible otro camino para la escuela vasca. Hay lugar para la redefinición, para una nueva radicalidad en el análisis y ambición en los objetivos, que al mismo tiempo vuelva a dar un sentido positivo a esa utopía necesaria en la educación.


Heziberri, el plan gestionado con mentalidad gerencial propuesto por Lakua, la falta de sustitución de los modelos lingüísticos por un esquema de inmersión eficaz o la desvergonzada “Ley del Vascuence” en Nafarroa son retos pendientes. También habrá que reformular preguntas básicas sobre cómo formar a las nuevas generaciones, los valores, la concepción de la persona y la sociedad que se quiere transmitir. Y responderlas como país.

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