Reglas Mandela, una opción para un buen acuerdo político
Uno de los mejores indicadores de la salud democrática de un Estado es la situación de las cárceles y las personas presas. Del mismo modo que uno de los indicadores del nivel de demagogia o incultura de un político es su visión sobre Nelson Mandela. Sin entrar a discutir la figura de Mandela ni la misión de la cárcel en las democracias liberales, las Reglas Mandela, aprobadas en diciembre por la ONU, suponen una guía para un trato justo a las personas cautivas que todos los países deberían promulgar, defender y cumplir. Formuladas con voluntad universal, pero conscientes de la compleja realidad a nivel mundial, las Reglas Mandela «representan en su conjunto las condiciones mínimas admitidas por las Naciones Unidas» en el trato a las personas presas. En sus 122 artículos marcan las pautas humanitarias para las instalaciones, la higiene o el régimen disciplinario en prisión. Lógicamente, esta guía se inscribe en el marco de los derechos humanos.
La experiencia vasca frente al modelo estatal
En términos históricos, la sociedad vasca tiene una vivencia tristemente intensa con la cárcel y la represión. Algo que debería servirle para diseñar un futuro con otras cárceles. Incluso uno sin cárceles. De un modo u otro, a excepción del PP, el resto de familias políticas tienen memorias de la represión y la cárcel dentro de sus comunidades. El “Informe sobre vulneraciones de derechos humanos en el caso vasco” del Gobierno de Lakua ofrece hechos relevantes al respecto. El dato de 40.000 personas detenidas y más de 10.000 encarceladas durante los últimos cincuenta años en un país europeo de tres millones de habitantes es escalofriante.
Como estremecedora es la situación Itziar Moreno, en aislamiento en Fresnes. Esto empujaba al resto de las presas y presos vascos en esa cárcel a una huelga de hambre. El comité de solidaridad, con Lucio Urtubia a la cabeza, llegaba ayer a las puertas de esa prisión. 25 presos políticos están en situación de aislamiento a día de hoy, en las cárceles más alejadas, además. Una medida arbitraria que las Reglas Mandela también rechazan.
Pero no solo desde una perspectiva histórica ni estrictamente política. Esta misma semana se sabía que en la cárcel de Baiona dos presos se han suicidado recientemente. En otro rango y latitudes, una larga lucha contra la pena de muerte en EEUU sacar a Pablo Ibar del corredor de la muerte y darle la opción de un juicio justo.
Tiempo electoral y, aún así, margen de acuerdo
Se viven tiempos electorales en Euskal Herria y en estas épocas cada fuerza intenta marcar perfil propio, establecer diferencias con los adversarios, posicionarse de cara al electorado. Bien es cierto que, como consecuencia del hartazgo de gran parte de la sociedad con el sistema partidario y con las incapacidades de la clase política para dar respuesta a las necesidades de la ciudadanía, todos los partidos dicen haber entendido el mensaje social y muestran propósito de enmienda. Es cierto que casi ninguno parece demasiado sincero y que en sus actitudes no hay apenas variaciones. Pero decirlo, lo dicen.
En el tema de las cárceles existe opciones de acuerdo entre las fuerzas vascas. Desde ya. Partiendo de la reclamación de la competencia de prisiones recogida en el Estatuto de Gernika –que es mayoritaria en el Parlamento y que lo puede ser aún más en la siguiente legislatura– y de su combinación con las Reglas Mandela –que cualquier grupo político debería asumir como un mínimo, en Hungría y aquí–, existe la opción de un acuerdo básico. Ese punto se podría incluir en los programas de los partidos, tanto para las próximas elecciones a Madrid –en clave de demanda–, como en las autonómicas de finales de año –a modo de compromiso–.
En otros términos, más estratégicos, un acuerdo así serviría como guía para establecer otro horizonte en el tema de las cárceles. Para empezar, ese acuerdo dibujaría un sistema carcelario propio. Supondría un avance tanto para quienes quieren un Estado propio como para quienes desean que el español sea otro tipo de Estado –sería transversal, aceptable para todos–. Lo mismo en términos ideológicos: que sea visto como un paso hacia adelante tanto para quienes sostienen posiciones punitivas garantistas o directamente abolicionistas.
Ofrecería además otro punto de vista, no excluyente, para enfocar la vuelta a casa de los presos políticos. Otro marco, este institucional, donde aunar fuerzas desde una perspectiva vasca y, a la vez, universal.