Santos arriesga y gana, Rajoy ni lo uno ni lo otro
El paso casi definitivo hacia la resolución del conflicto armado en Colombia fue saludado por todo el mundo, incluidos Madrid, París y Bruselas. El apretón de manos entre los dos máximos dirigentes del Gobierno colombiano y las FARC-EP, Juan Manuel Santos y Timoleón Jiménez Timochenko, es ya una foto para la historia, una espléndida noticia en una devastadora guerra de medio siglo con seis millones de víctimas entre muertos, heridos, desplazados forzosos y presos.
Con este cuadro y esos antecedentes, el escepticismo inicial ante las conversaciones de La Habana estaba más que justificado, y más cuando el diálogo se ha producido en medio de combates. Las dos partes han arriesgado, mucho. Las FARC se enfrentaban al fantasma del fracaso del proceso del Caguán (1998-2002), que derivó en una durísima represión, y a las dudas sobre la viabilidad o no de la acción política normalizada, en que la fuerza de sus reivindicaciones pudiera ser menor. Y no eran menos los problemas para Santos, con una opinión pública entre ausente y reacia, sumados a la oposición radical y saboteadora de su predecesor, Álvaro Uribe. Sin embargo, el acuerdo se ha ido abriendo paso con paciencia (tres años ya de diálogo), imaginación (fórmulas de justicia transicional inéditas y que se ofrecen como modelo al mundo) y liderazgo (ese apretón de manos de los dos líderes lo demuestra).
Sin duda, Santos tiene todavía mucho trabajo por delante, sobre todo pedagógico, para sumar voluntades a este proceso de paz. Si se consuma la paz, será el fruto de la valentía y la responsabilidad. Para el presidente hubiera sido más cómodo, incluso en términos electorales, intentar esposar a Timochenko que estrechar su mano, y dejar el problema para el siguiente. Es decir, lo que le exige Uribe y hace en el caso de ETA su homólogo español, Mariano Rajoy, y todos quienes le siguen; un alarde de cobardía e irresponsabilidad que no les dará ninguna foto en la historia y que solo les pone en evidencia al felicitar a Colombia.