Un 8 de marzo para sostener luchas, coger impulso y avanzar en la agenda feminista
08/03/2020

Un año más, las calles de Iruñea, Gasteiz, Bilbo, Donostia y Baiona acogerán hoy las marchas del 8 de marzo. Tras dos años consecutivos de huelgas que despertaron conciencias y movilizaron multitudes, esta vez las fuerzas se concentran en las manifestaciones que tendrán lugar hoy al mediodía y a la tarde. Más allá de las capitales, en pueblos y barrios se han organizado todo tipo de actos y dinámicas para celebrar este día. Asimismo, la inmersión en esta lucha de miles de jóvenes sigue aportando frescura a este movimiento por la igualdad y la libertad. En Euskal Herria el feminismo marca el debate público y la agenda política, desenmascarando a los reaccionarios e interpelando a las instituciones y a la sociedad vasca.

Las marchas de este año no son, en ningún sentido, un paso atrás. Lo han explicado las convocantes: tiene que ver con la dinámica sostenida durante este último periodo, con las fuerzas y con las estrategias para mantener la lucha feminista como prioridad política y social. Una vez más, el feminismo demuestra que se pueden tomar otras decisiones, basadas en otros debates, ajenas a lógicas de escaladas permanentes y batallas finales. Una revolución así es a largo plazo, con mucha gente y con humanidad.

Evidentemente, para una gran parte de la sociedad vasca este es el año de después de la huelga, puesto que el año pasado vio sorprendida la fuerza que tiene en el país esta rebelión global. En cambio, para el movimiento feminista vasco es sobre todo el comienzo del ciclo que inauguraron las V Jornadas Feministas, que el pasado noviembre reunieron a 3.000 activistas en Durango. Ese encuentro marcó nuevas prioridades, otras voces, estrategias posibles, grandes consensos y, por qué no, diferentes debates y disensos sobre los que trabajar.

Una agenda que está vigente y evoluciona

Sin duda, combatir la violencia sexista es la prioridad absoluta del movimiento, de la sociedad y de las instituciones. Por el daño que genera y porque es la característica más salvaje del sistema heteropatriarcal, es urgente dificultar y parar esa violencia contra las mujeres, sanar y reparar a quienes la padecen, hacer justicia y establecer otro tipo de relaciones. Cerrar el paso a los negacionistas y ahogar socialmente sus despiadadas mentiras debe ser una decisión comunitaria. No puede haber sitio para ellos en nuestras instituciones y medios.

La agenda socioeconómica también tiene mucha importancia, puesto que afecta directamente a las relaciones de poder y a las opciones de llevar una vida digna e independiente. A la brecha salarial y a la precariedad de los trabajos feminizados se le suma las demandas de las pensionistas, que han puesto sobre la mesa cómo las injusticias de toda una vida repercuten con especial virulencia sobre las mujeres mayores.

El feminismo está revisando sus discursos a raíz de una nueva conciencia antirracista. Una conciencia que se ha despertado al escuchar y convivir con mujeres pertenecientes a colectivos migrantes o en peligro de exclusión. La combinación de vehemencia, honestidad, empatía y cuidados puede abrir otras formas de operar cambios en las formas de pensar y entender las relaciones de poder. Cabe destacar aquí la voz de las gitanas vascas que a través de asociaciones como Amuge están denunciando su discriminación y reivindicando otra visión sobre este movimiento por la igualdad.

El debate sobre los cuidados también es muy importante en todos los sentidos, porque articula una sociedad y puede encaminarla hacia una creciente igualdad o puede reproducir bajo nuevas formas viejos modelos de explotación e injusticia. Dentro de esto, la libertad y la educación sexual sigue siendo una asignatura pendiente. Especialmente cuando nuevas generaciones de jóvenes se suman a esta lucha y se encuentran con que en este terreno se ha avanzado poco, o incluso que en ciertas relaciones y ámbitos hay retrocesos disfrazados de novedades. Sofisticar relaciones de poder injustas no es cambiarlas.

Los hombres, en general, siguen teniendo pendiente escuchar más a las mujeres, estudiar más sobre feminismo, participar más y mejor en movilizaciones como las de hoy, y respetar debates y tiempos. No se trata de esperar sentados, ni de buscar el protagonismo perdido ni de usurpar espacios. Precisamente, en los espacios dominados hasta ahora por hombres, hay que llevar a cabo un incesante trabajo con perspectiva de género y una lucha constante para ir convirtiendo esas estructuras en lugares cada vez más feministas. Como bien dice Bell Hooks, «el feminismo es para todo el mundo».

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