Un artefacto cultural, político, con voluntad de trascender

Ametsen liburua” no deja de ser un libro, pero es mucho más que eso. En principio su formato es canónico: en páginas sucesivas contiene textos, ilustraciones, fotografías, láminas… Llaman la atención la edición y la impresión, porque son exquisitas. Sin embargo, solo con verlo, con tocarlo, con notar su descomunal peso, se advierte que no se trata de un libro convencional, que es una obra realmente excepcional. Como excepcionales han sido las condiciones en las que se ha gestado: partiendo del más opresivo de los mundos reales, el carcelario, y proyectándose al más emancipador de los mundos posibles, el de los sueños. “Ametsen liburua” recoge los sueños de cientos de personas presas, exiliadas y deportadas, sus anhelos y sus deseos plasmados en una sencilla pagina en blanco. Los hay de todos los calibres e intensidades, desde los más cotidianos hasta los más utópicos, muy humanos todos ellos.

Siguiendo la estela de los artistas que han creado y llevado más allá el imaginario vasco contemporáneo, que han hurgado en la antropología para trasladarla al arte, que han sostenido un claro compromiso político con su pueblo –a menudo con posturas divergentes, no solo entre unos y otros, sino en sus diferentes periodos–, que han elevado el nivel cultural del país y lo han proyectado internacionalmente, “Ametsen liburua” es un artefacto cultural, es decir, político, que aspira a trascender, a tender puentes entre generaciones, a dar testimonio en primera persona tanto del sufrimiento como de los anhelos de los y las presas vascas. Una dura realidad que ha perdurado durante décadas y que hoy en día sigue siendo una cuestión política de primer orden. Este pueblo no será normal hasta que no tenga una sola persona presa por razones políticas. Este pueblo no será libre hasta que todos los proyectos democráticos sean viables, y nadie deba pagar con cárcel el defenderlos.

En esa larga lucha, esta obra pretende ser un hito, una referencia que recoja el testimonio de esas generaciones que sufrieron por defender sus ideales, a veces a través de la violencia política, otras a través de la palabra, un castigo que no responde a la justicia, sino a la venganza y al ventajismo político. Un castigo que contrasta con la impunidad de la otra parte y que condiciona un relato parcial, mentiroso e irresponsable.

Se habla mucho de los presos y las presas, pero pocas veces se da la voz a los mismos. Se espían sus correos, se filtran sus cartas, se escrutan sus cariños y sus debilidades con el fin de castigarlos, se les califica y descalifica, se les deshumaniza… pero por si acaso no se les da la palabra. “Ametsen liburua” rompe ese cerco, esa política de aislamiento.

Los estados español y francés han visto claramente que en este momento este es el eslabón más débil de un proceso político que en parámetros democráticos es imparable. Y desgraciadamente ni quienes defienden la lucha de esos presos ni quienes defienden los derechos humanos, aun cuando han dado grandes pasos y logrado un apoyo masivo en este pueblo, han sido capaces de superar ese bloqueo. Urge encontrar las palancas para quebrarlo, desde el compromiso y la honestidad.

Al abrir este libro se siente una magia especial, contenida pero irrefrenable, emotiva, mitad rabia mitad alegría. Es una sensación parecida a cuando se sale de una visita o de un vis a vis, donde se mezclan todos esos sentimientos contrapuestos, desde la impotencia hasta la ilusión. Este libro es como uno de esos abrazos, ya sabe el lector a cuales nos referimos.

Quienes han compartido esa lucha se verán reflejados en algunos de los testimonios. Quienes no la han vivido, sea por edad o por distancia –sea espacial o ideológica–, conocerán una vitalidad y una humanidad que seguramente les sorprenderán. No hay en esas páginas demasiado sitio para el rencor por lo sufrido, para nada que no sea la esperanza y el deseo de un presente y un futuro mejores para todos y todas. Quienes tengan prejuicios quizás lograrán desechar algunos de ellos y formarse un juicio más justo. Y quienes, con razón o sin ella, rigen su vida por el odio, sentirán la zozobra de no entender cómo pese a todos los castigos y venganzas, ese colectivo sigue teniendo una fuerza política y moral inconmensurables, cómo son queridos por los suyos y respetados por gran parte de sus adversarios.

Porque esta historia de los vascos y las vascas presas, por mucho que se dé en un contexto de opresión y de castigo –o precisamente por eso mismo– es ante todo una historia de emancipación individual y colectiva, de compromiso con la libertad. Un sueño que antes forjaron otros y que ha ido transmitiéndose de generación en generación. Quedan por escribir sus mejores páginas.

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