Una hoja de ruta para adaptar las estructuras institucionales a los retos del país a futuro
El debate del autogobierno y su desarrollo institucional no es un tema, digamos, sexy. Por ejemplo, no aparece en las encuestas como una prioridad. Las razones pueden ser variadas, desde el desengaño con experiencias pasadas hasta una vacuna contra la impotencia, sin olvidar el ventajismo de la minoría con derecho a veto. En todo caso, esa desconexión es real.
No obstante, la sociedad vasca apoya de forma masiva a las fuerzas políticas que defienden que es necesario afrontar ese debate. Y los líderes del país consideran que este es un momento crucial para hacerlo, que es urgente por diferentes razones.
Mirando hacia atrás, porque los acuerdos pasados en forma de Amejoramiento y Estatuto se han dilatado y desvirtuado. Teniendo en cuenta el momento actual, porque en el Estado hay algunos discursos sobre la plurinacionalidad inéditos y unos equilibrios de poder que han abierto ciertas oportunidades. Y en perspectiva de futuro, porque incluso dejando de lado la cuestión nacional o identitaria en aras al debate –mejor no hacerlo–, los marcos políticos e institucionales que tiene Euskal Herria en la actualidad no sirven para afrontar los retos que tiene su sociedad.
Para mucha gente, tampoco la emergencia climática, la transición energética, la revolución feminista, la supervivencia de las lenguas y las culturas o el crecimiento de las desigualdades son nada sexy, por así decirlo. Pero son tema vitales para el bienestar y la riqueza de las personas, las naciones y la humanidad. Liderar es, también, mantenerlos en la agenda.
Todas las fuerzas políticas deben tener fuerza
A veces, una dicotomía del estilo «Estatus o Estatuto», aunque sea maniquea y distorsione la profundidad del debate, despierta el interés de personas que, a pesar de ser sujetos de estas cuestiones, no se sienten interpeladas. Lograr que la ciudadanía se interese y se implique es crucial para una cultura democrática.
En su entrevista con GARA, el lehendakari Imanol Pradales expuso que hay que ir a los contenidos de este debate y buscar acuerdos amplios con los que acudir a Madrid, donde también habrá que tejer apoyos. Hoy, en estas mismas páginas, el profesor y ahora senador en Madrid por EH Bildu Mario Zubiaga expone con claridad y pedagogía cómo puede avanzar un proceso político que responda a las necesidades e intereses de la sociedad vasca y que respete su voluntad democrática. Quienes tengan voluntad de superar la pereza tiene ahí una buena guía.
Resumiendo mucho, el primer punto de esa hoja de ruta es el reconocimiento de la nación vasca, su institucionalización y la bilateralidad que ello implica, expresada en la forma de Concierto Político. Habría que establecer mecanismos de gestión y se debe garantizar el blindaje de los pactos, sin opción para una reinterpretación unilateral. También se debe recoger el derecho de la ciudadanía vasca a establecer las relaciones que considere validas para su desarrollo con otros territorios y con el Estado, lo que implica articular de alguna forma el derecho a decidir.
Todo ello supone un cambio en las relaciones entre las instituciones vascas y las del Estado, un cambio profundo de Estatus, aunque se pueda formular o no como Estatuto. Las alianzas, los pactos y el refrendo del nuevo marco serán muy importantes.
El debate y el momento de oportunidad pillan a las fuerzas políticas vascas en procesos de reflexión, reorganización y relevos, con diferentes problemas a corto y a medio plazo, pero en legislaturas a las que aún les queda tiempo. Liderazgo es también gestionar los problemas ajenos y los tiempos con espíritu cooperativo, pero sin minusvalorar la confrontación ideológica y la lucha por el poder. Un esquema de suma cero puede rebajar la opciones de un proceso justo y enriquecedor para la ciudadanía vasca.