
El comunicado del ISIS en el que ensalza, que no reivindica, la sangrienta acción y el martirio de los que presenta como sus seguidores ha animado a los republicanos a lanzarse a degüello contra Barack Obama ante «el ataque terrorista más sangriento» desde el 11-S.
Sin quitar un ápice de gravedad a la masacre, todo apunta a que estaríamos ante una acción individual y con objetivos elegidos por cuestiones personales, pero por parte de una pareja que simpatizaba con el yihadismo.
Ocurre que el hecho de que la acción no fuera coordinada por un grupo ni desde el exterior no tranquiliza; al contrario, extiende aún más el miedo por lo que tiene de improvisación. En este sentido, los ataques de lobos solitarios, en los que la frontera entre la determinación militante y el desequilibrio personal es a veces muy difusa –como en el caso del hombre que apuñaló a dos personas en el metro de Londres– obligan a todos, y sobre todo a la prensa, a afinar los mensajes.
Sin salir de EEUU, convendría recordar que, incluso dando por bueno el móvil yihadista en el tiroteo en San Bernardino, aún son más los muertos por atentados supremacistas blancos o de la extrema derecha desde el 11-S.
Eso sin contar las víctimas, millares, en tiroteos, colectivos o individuales. Porque si algo no ha sorprendido a la Policía desde el primer momento es el verdadero arsenal que la pareja tenía en su casa. Muy normal. Made in USA.

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