Periodismo incisivo
Javier Orcajada Del Castillo
2015/08/28

El que triunfa en la actualidad es agresivo y montaraz: es la lección básica que se enseña en las facultades de periodismo y eso es lo que lee o escucha el que busca información. Una cosa es preguntar y repreguntar a quien puede interesar entrevistar, pero muy diferente es no dejarle completar su punto de vista, interrumpiéndole continuamente para añadir la primera simpleza que se le ocurre a medida que el entrevistado va desarrollando su tesis.

El periodista «diez» es el que informa del morbo de la noticia: especialmente en crímenes pasionales a manos de su ilustre asesino. Son periodistas con niveles culturales próximos a cero, pero lo compensan con una gran dosis de osadía para hablar aunque no sepan, pues se ilustran en internet, preguntando al amigo abogado o juez, o husmeando en las alcantarillas. Así se consideran capacitados para emitir una opinión a la que dan carácter de noticia definitiva y que al crear controversia con otros periodistas o con expertos, logran el climax para sentirse poseedores de la verdad. Tienen en su mano la capacidad para tergiversar cualquier información del experto que no se atreve a dar su punto de vista porque desconoce los detalles del caso.

El periodista agresivo no necesita conocer la verdad, es hasta contraproducente, puesto que a veces es excesivamente simple y carece del morbo necesario para que su crónica sea «pasto de marujas». Produce vergüenza ajena verles participando en tertulias: cómo se interrumpen, sin escucharse y sus permanentes contradicciones, aunque su «agudeza» les impida ver que hacen el ridículo. No les importa: provocan el barullo, gritar más que el oponente, decir la frase impactante, sacándolas de contexto o acusar al interlocutor de afirmar lo que no ha dicho. Y ser sumisos a la línea editorial del medio al que sirven, aunque vaya en contra de sus convicciones. Realmente carecen de ellas, tienen las del que les paga y por eso la prensa española, salvo honrosas y escasas excepciones, está considerada la más amarilla y menos libre del mundo.