Felix Placer
Teólogo
El sueño del papa Francisco

«I Have a Dream» fue el tema central del discurso de Martin Luther King hace ya 63 años. Expuso con inolvidable elocuencia su deseo de coexistencia pacífica y armoniosa entre gente de color diferente, de libertad y derechos para todas las personas en USA.

2016/05/25

Nelson Mandela durante 25 años forjó en la cárcel el sueño de una Sudáfrica sin apartheid. Presos y presas vascas plasmaron en un libro admirable –Ametsen liburua– sus sueños de libertad en Euskal Herria.

Ahora también el papa Francisco ha recurrido a esta metáfora manifestando su anhelo de una Europa diferente para «desear todos juntos un impulso nuevo y audaz para este amado Continente» en la entrega del “premio Carlomagno” (a mi entender, referencia no apropiada dado que este “Augustus Imperator” en el s.IX impuso su imperio sometiendo pueblos), otorgado desde 1950 por la ciudad de Aquisgrán a personas distinguidas en la Unión Europea por «la unificación de los pueblos europeos para defender los más altos valores humanos: la libertad, la humanidad y la paz, para ayudar a los pueblos oprimidos y marginados, y para asegurar el futuro de los hijos y de los nietos». Concedido a reconocidas personalidades como Alcide De Gasperi, Konrad Adenauer, Simone Weil, otros galardonados como Juan Carlos I, Felipe González, Henry Kissinger, entre otros, quedan muy lejos de las razones y méritos para su obtención.

El papa Francisco ha aprovechado esta ocasión para afirmar: «Sueño una Europa joven capaz de ser aún madre porque respeta la vida; sueño una Europa que se hace cargo del niño, socorre al pobre y a los que buscan refugio; sueño una Europa que escucha y valora a los enfermos; una Europa donde ser inmigrante no sea delito sino invitación a un mayor compromiso con la dignidad del ser humano; sueño una Europa de la cual no se pueda decir que su compromiso con los derechos humanos ha sido su última utopía».

Sin embargo esta UE ya no sueña (no sé si lo ha hecho alguna vez) y el Papa pregunta: «¿Qué te ha sucedido Europa humanista, defensora de los derechos humanos, de la democracia y de la libertad? ¿Qué te ha pasado Europa, tierra de poetas, filósofos, artistas, músicos, escritores? ¿Qué te ha ocurrido Europa, madre de pueblos y naciones, madre de grandes hombres y mujeres que fueron capaces de defender y dar la vida por la dignidad de sus hermanos?».
Hoy es un brazo más del capitalismo que arrasa el mundo como una red pelágica que destroza personas, pueblos, tierras. Globalizado y legitimado por la ideología neoliberal aplica un drástico funcionamiento de libre mercado, incapaz de acoger a refugiados y se ha afianzado como imperialismo del beneficio para unos pocos a costa de la pobreza de la mayoría sometiendo a trabajadores y trabajadoras a condiciones laborales precarias en la inseguridad y dependencia.

Pero el neoliberalismo actual va aún más allá. Agrupados en el G8, mancomunados con los grandes organismos financieros (BM, OMC, FMI), controlan la riqueza mundial, guiados por el “Foro Económico Mundial” y reforzados por el ‘Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones” (TTIP) entre USA y la UE y ahora con el “Tratado Comercial del Pacífico” (TTP). Sus enormes consecuencias comerciales y geopolíticas anulan los pueblos y utilizan sus tierras, su capital humano y productivo para su excluyente crecimiento capitalista. Los intereses del capital y sus finanzas, las empresas multinacionales justifican todo tipo de medios políticos, armamentísticos y económicos para sus beneficios. Son la expresión actual de un maquiavelismo extremo donde el bien común se supedita al bien privado o de los estados poderosos. Desaparece como improductivo el espíritu de solidaridad. Los pueblos y sus relaciones solidarias no cuentan, menos aún si carecen de capital financiero. La angustiosa situación de cientos de miles de refugiados que huyen de sus lugares de origen, de sus pueblos amenazados por el hambre, la guerra y el fanatismo, no encuentra respuesta política eficaz en Europa y en el mundo ante los 60 millones de personas desplazadas.

Y entre nosotros el paro y la precariedad denunciadas con unanimidad en el pasado Primero de Mayo, la situación de miles de jóvenes obligados a emigrar de Euskal Herria, la situación de presos y presas vascas, muestran la cruda realidad que quiere borrar todo sueño de libertad y derechos realizados.
Pero en medio de esta pesadilla de desigualdad, de injusticia, de corrupción, de paraísos fiscales, surgen nuevos sueños que descubren y realizan un mundo nuevo. Y estos sueños se hacen realidad a través de acciones y luchas que van desde gestos sencillos y solidarios hasta proyectos y procesos de largo alcance que cada día adquieren mayor consistencia y fuerza.

Entre nosotros, en Euskal Herria, nunca han faltado los sueños. Somos un pueblo que sueña cantando: Amets, bizitz amets, gazte amets, beti amets, bildur gabe gure ametsa, egi billa, pake billa, argi billa, Jainko bila… Bizitzak min ematen du, negarrez jaio ginan, maitasun gabe gabiltza baina guk, berriz, amets… Y en las circunstancias más penosas y duras de la cárcel hoy cientos de personas crean sueños de libertad porque «amesten dugun bitartean, biziko gara…»

La razón es evidente. Aunque los sueños, sueños son, sin ellos no podemos avanzar y lograr situaciones diferentes de justicia y solidaridad. Sin sueños, sin utopía no podemos vivir, caminar, resistir y luchar. Sería el fin de la historia y de la esperanza. Y en un mundo sin sueños caben todas las alucinaciones inoculadas en nuestro inconsciente colectivo por el pensamiento único que se apropia del deseo para guiarlo por el camino del tener y del consumismo; del que nadie puede salirse si no quiere descarrilar y estrellarse para quedar arrinconado en las cunetas de la sociedad. En el capitalismo los sueños se han contaminado por ilusiones oníricas de ambición y acumulación, de delirios de grandeza. Y en este tipo de ensoñaciones alienantes se ha generado la sensación de fracaso, de insatisfacción, de frustración, de sociedad líquida (como dice Zigmunt Bauman), inconsistente. Desaparecen el sentido o dirección hacia otro mundo posible para aferrarse, ante la inseguridad y el miedo, a una esclavitud inconsciente.

Sueños, como los del papa Francisco, de M.L. King, de presos y presas, de inmigrantes y refugiados, son un camino hacia la libertad, una exigencia de bienestar compartido; son forjadores de alternativas que ya se están realizando en otros pueblos de la tierra, en el Buen Vivir, en la Via Campesina en la «economía social», en la «carta de la tierra»… También en Euskal Herria en la recuperación de la soberanía y derecho a decidir, dentro de una convivencia armoniosa en una sociedad vasca plural, en la vuelta de presas y presos a casa, en la justicia, verdad y reparación contra toda impunidad, en Gure Esku Dago…

En última instancia, en otra Euskal Herria posible dentro de una Europa diferente donde el premio y reconocimiento sean para las personas soñadoras que desde cada barrio y pueblo, desde movimientos sociales y populares, desde la cárcel supieron soñar con audacia, abrir caminos y forjar con su pensamiento y acción un mundo libre de justicia y de paz.