Transición energética: un camino inevitable
2016/05/26

La actual civilización industrial se construyó primero sobre el carbón y más tarde sobre el petróleo. El uso de combustibles fósiles permitió liberar la energía solar acumulada durante miles de años y aprovecharla con el empleo de motores que permitieron la explotación de materias primas y el desarrollo de la industria y el transporte por todo el mundo. La utilización extensiva de ambos combustibles también tuvo sus costes en forma de contaminación del medio ambiente. El calentamiento debido al calor residual producido por su uso y el agotamiento de las reservas de ambos combustibles plantean cada vez con mayor énfasis la cuestión de una transición energética hacia otro tipo de energías más limpias y renovables.

En el pasado hubo otras transiciones, más o menos largas, de un modelo energético a otro. En ellas, como en todas las transformaciones radicales, el factor limitativo fundamental no fue el tecnológico, sino que fueron las condiciones sociales y culturales los elementos capaces de condicionar el cambio, acelerándolo o retrasándolo. En Euskal Herria la transición hacia un nuevo modelo energético más eficiente, limpio y basado en fuentes de energía renovable está limitado por la existencia de un mercado energético dominado por oligopolios que están interesados en dicha transición en tanto en cuanto puedan mantener su posición dominante en el nuevo modelo en ciernes. La falta de poder político para regular desde la administración pública el modelo energético refuerza el poder de dichas corporaciones. Por otra parte, la cultura consumista en la que vivimos –rodeados de motores de todas clases que prácticamente no utilizamos– tampoco ayuda a reducir el consumo, aumentar la eficiencia e impulsar el cambio hacia el uso otro tipo de energías renovables.

La transición energética es un camino que la sociedad vasca tendrá que recorrer inevitablemente. Los costes del cambio serán mayores o menores en función de los cambios sociales que seamos capaces de impulsar y para ello la soberanía política resulta clave.