Raul Zelik
Politólogo

El investigador alemán Raul Zelik (Múnich, 1968) ha presentado el ensayo «La izquierda abertzale acertó», editado por Txalaparta y en el que realiza un repaso de las peculiaridades que el movimiento popular vasco tiene respecto a otras realidades similares en Europa, destacando sus potencialidades, y también sus debilidades.

«En los pueblos pequeños de Euskal Herria hay muchísimas expresiones de contrahegemonía»
@MartxeloDiaz|IRUÑEA|2017/12/03 08:30
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No es imposible llevar posiciones radicalmente diferentes a las instituciones pero nunca vamos a cambiar un país por llegar al Gobierno

El título de la obra, «La izquierda abertzale acertó», es llamativo. ¿En qué considera que acertó la izquierda abertzale?
Es muy claro que hay una fuerza y una solidez de posiciones progresistas y prácticas solidarias en la sociedad vasca. No vienen del cielo, sino que son resultado de una construcción social colectiva. Creo que la izquierda abertzale ha jugado un papel clave en esa construcción. Por ejemplo, hay prácticas culturales alternativas desde las fiestas populares a los euskaltegis. No son simplemente lugares de folklore sino sitios en los que se transforma la vida social. El folklore en Alemania es un lugar de posiciones derechistas, en Euskal Herria es muy diferente. También hay prácticas en términos organizativos. Existe un sindicalismo mucho más de izquierdas que en el resto de Europa. Un amigo trotskista habla mucho de que le encanta el sindicalismo combativo vasco. ¡Y se refiere a ELA! No habla del sindicato más combativo. Es muy claro que se ha logrado construir posiciones progresistas arraigadas en la sociedad. Otro ejemplo son las cooperativas. Forman parte de la vida normal, los vascos ni lo perciben, pero comparándolos con el resto de países europeos se ve que muchos elementos son particulares de aquí. Y no es por la identidad o por la cultura vasca, sino por el esfuerzo colectivo de gentes de izquierda.

Uno de los casos que cita como llamativo para un observador externo son las fiestas populares y pone como ejemplo a Leitza.
Al hablar de cómo construir contrahegemonía hay gente que piensa que hay que subir en votos. Eso es falso. La hegemonía es la capacidad de una clase dominante de crear la convicción colectiva de que el status quo es lo mejor para todos. La contrahegemonía es la capacidad de romper eso, de cuestionarlo, y plantear convicciones alternativas, democráticas, solidarias, feministas… Si vamos a los pueblos pequeños de Euskal Herria nos damos cuenta de que hay muchísimas expresiones de contrahegemonía. Menciono el caso de Leitza en el libro. En un pueblo tan pequeño hay un centro social, la herriko taberna, organizado por los vecinos; se pueden ver pintadas a favor de las mujeres kurdas, consignas a favor del socialismo, feministas, a favor de los trabajadores en huelga… Para mí, es una expresión de contrahegemonía construida desde lo local. Diría que tampoco es por la identidad vasca, porque el Partido Comunista Italiano, en sus mejores momentos, también era capaz de organizar fiestas del pueblo con contenidos sociales alternativos. Pero en el resto de Europa, esto ha desaparecido por completo debido a las estrategias electoralistas. En Euskal Herria, la gente tenía claro que la construcción de una alternativa de sociedad o de un nuevo país no era simplemente una construcción de instituciones o de partidos, sino una construcción desde lo local, lo cotidiano y lo comunitario. En eso también acertó.

Uno de los valores que subraya es que la izquierda abertzale ha mantenido su posición en la calle, sin abandonar el poder popular por el institucional.
Hay que tener claro que las instituciones son del poder dominante. Pero, sin embargo, hay que reconocer también que las luchas sociales en algún momento se materializan dentro del Estado o de las instituciones. No es en vano luchar ahí, también tiene sentido. Pero es muy peligroso porque son instituciones para mantener el status quo no para cambiarlo. No es imposible llevar posiciones radicalmente diferentes a las instituciones pero nunca vamos a cambiar un país por llegar al Gobierno. Es mentira. Tienes que construir un contrapoder y el contrapoder tiene que nacer desde fuera de las instituciones. Para construir ese contrapoder hay que combinar muchas áreas y muchos esfuerzos. Antes, cuando se mencionaba la combinación de las formas de lucha, la gente solo pensaba en la violencia. Es erróneo. La combinación de formas de lucha significa que construyes un nuevo país cuando estás realmente arraigado en muchas áreas, en lo cultural, en lo sindical, en lo político y, además, sabiendo vincular los elementos de manera rica. No pueden ser construcciones desde los liderazgos. Antes mencionaba al PCI, que para muchos teóricos de la hegemonía es el gran ejemplo, pero nunca salieron de ese esquema de construirlo desde arriba, desde la cúpula del partido. Entiendo que un contrapoder real hay que construirlo desde abajo. Estaría más cerca, por ejemplo, de la CUP y de la idea que muchos también defienden en Euskal Herria de que hay que construir los contrapoderes desde lo local, desde lo municipal, desde los centros sociales, desde los herrikos, desde las cooperativas, desde el auzolan… Solamente si esto se configura como un polo alternativo de poder tiene sentido ir a las instituciones, pero no para tener el peso central en las instituciones, sino para que este poder construido fuera por la gente, por la sociedad, se exprese también en las instituciones.

Otro de los aspectos que cita como un valor es la capacidad de articular ese movimiento social en distintas áreas.
Sí, pero también es cierto que la izquierda abertzale no siempre acertó. Los militantes tienen que aprender también que las construcciones de la sociedad no se pueden comandar desde arriba. Muchos de los movimientos sociales de Euskal Herria nacieron desde abajo y muchas veces en contradicción con los liderazgos de la izquierda abertzale. Los insumisos son un ejemplo. Al principio, una parte de la izquierda abertzale tuvo muchos problemas para interpretarlo. Luego sí que acertó cambiando su línea, entendiendo que no se podía pasar por encima de una demanda desarrollada desde la gente, desde la juventud. Hay que adaptar tus demandas a lo que quiere la gente. Las construcciones de la sociedad siempre desobrdan lo que pensamos los teóricos o los militantes. Y esto es lo rico. La construcción de una alternativa de sociedad tiene que salir desde la sociedad.

En varios puntos del libro, menciona que la izquierda abertzale tiene poca capacidad teórica, pero que la acción militante les ha llevado a tomar decisiones acertadas.
Para un alemán es muy llamativo. En Alemania tenemos una cultura de izquierda donde pensamos que lo importante es desarrollar un discurso totalmente cohesionado, una actitud supercrítico. Permanentemete estamos discutiendo entre nosotros, tenemos mil fracturas. Empezamos a hablar de una manera en la que nadie nos entiende fuera de nuestro ámbito. Con eso, no se construye mucho. En Euskal Herria quizás es lo contrario. Con fundamentaciones teóricas que a mí me parecen algo dudosas, se ha sabido acertar, se han construido en la práctica cosas positivas. En ese sentido, relativizaría el papel de la teoría, aunque también me parece importante hacer un esfuerzo teórico porque permite explicarte hacia afuera. En Euskal Herria muchas cosas se han construido no gracias a un gran discurso sino por los microtrabajos de muchos. Es significativo la cantidad de militancias o pertenencias a organizaciones sociales que existen aquí, desde clubes de deportes populares hasta comités de fiestas, sindicatos, cooperativas, editoriales, … Mucha gente construye en lo diario un tejido solidario, democrático, de tipo popular, sin tener una explicación muy fundamentada. Además, la izquierda abertzale, a diferencia de otras izquierdas europeas, es bastante obrera, popular y campesina. No quiero mistificar el término pero es verdad que en Alemania o en Francia la izquierda es académica, no sabe articularse con la gente común de la calle. Aquí es diferente, mucha gente viene de trabajos muy normales y empieza a militar.

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