Ex parlamentario y concejal del PSN-PSOE
Dos años sin Aylan

Han pasado ya dos años y el efecto de esa imagen se ha diluido, hemos seguido con nuestra cómoda y tranquila vida, hasta que un día nos despertamos sacudidos por lo sucedido en Barcelona y Cambrils.

2017/09/08

Hace dos años que una foto emocionó a Europa. Era la de un niño sirio, Aylan, que huyendo de una guerra que hemos fomentado, o en el mejor de los casos no hemos evitado mirando de manera cómplice hacia otro lado, aparecía sin vida en la playa turca de Bodrum.

Había muerto ahogado en la misma puerta del paraíso que su familia buscaba, pero el motivo real era que lo había sido por la sinrazón que impera en su país.

Nos emocionó, indignó, alteró nuestra cómoda vida. Comenzamos a preocuparnos por esos miles, quizás millones de personas, que se jugaban, que se juegan aún la vida para cruzar el Mediterráneo muriendo en el intento.

Exactamente según ACNUR 8.200 en esos dos años. Es probable que la cifra sea mucho mayor. Incluso ahora mismo al leer estas líneas varias de ellas lo estén haciendo desesperadas ante la guerra y el hambre.

Algunos comenzamos en aquel instante a observar con rabia ese sufrimiento de la población civil en Siria, Iraq o Afganistán. Miles de niños y mujeres muertos en los bombardeos de los aviones rusos, americanos, franceses, del régimen sirio, o de las milicias del Daesh. Qué más da quién los mata, quién los asesina, en ese mar tranquilo, o en las calles de Mosul. Realmente qué más da.

Han pasado ya dos años y el efecto de esa imagen se ha diluido, hemos seguido con nuestra cómoda y tranquila vida, hasta que un día nos despertamos sacudidos por lo sucedido en Barcelona y Cambrils. Ahora lo que nos indigna es otra imagen parecida, la de otro niño muerto, esta vez español… o catalán, porque a veces los debates nos llevan a esa otra sinrazón, sobre la acera de las Ramblas. Éste asesinado por un radical que se consideraba combatiente yihadista.

Me habría gustado haber mantenido una larga conversación con él antes de que realizara semejante salvajada. Haberle podido enseñar las dos imágenes y saber cuál era su reacción. Intentar comprender, más allá de la locura que les atribuimos, cuánto de lavado de cerebro realizado por el famoso Imán tenía su mente y cuánto del efecto que le causó la otra imagen, la de Aylan. Si ese impacto había tenido algo que ver en su transformación.

Comprender si las imágenes en TV, o en la prensa escrita de los niños asesinados en Siria tienen o no algo que ver. Si el odio inculcado, si  la falta de respuesta de un occidente ciego y sordo, le empujó a convertirse en un asesino de «infieles». Comprender cómo un chaval joven, que ha estudiado, trabajado, jugado con sus supuestos enemigos, acaba convirtiéndose en ese monstruo que sembró la muerte y el dolor en Barcelona.

Interrogarme, interrogarle buscando explicación para lo que parece inexplicable, para así con sus posibles respuestas fabricar un antídoto contra ese veneno. Porque eso es lo que realmente nos debe interesar, no si la CIA mandó no se qué documento a uno u otro, o si Trapero habla o no en catalán en las ruedas de prensa, sino los motivos por los que Younes Abouyaaqoub se transformó de un «ciudadano ejemplar» en un hijo puta asesino.

Para curar una enfermedad hay que analizar los síntomas, los motivos que provocan esos síntomas, dar con el diagnóstico adecuado y aplicar un tratamiento eficaz. Eso no se consigue con disputas entre cuerpos policiales, o entre gobiernos.

No se consigue con utilización perversa de un acto execrable, sea de los medios de comunicación o de los políticos, sino justo con lo contrario, con un análisis certero de los motivos reales. Con este terrorismo, como ocurrió con el de ETA de manera diferente, no se termina sólo con medidas policiales, judiciales, o de colaboración internacional, se acaba analizando la raíz del problema.

Hoy escribiendo estas líneas la foto de Aylan vuelve a mi memoria, la pongo al lado de la del niño de Barcelona e intento averiguar cómo podemos salir de esta locura. Quizás Rajoy, Puigdemont, Trapero, Zoido…debieran hacer lo mismo… juntos.

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