Secretario General de Podemos Donostia San Sebastián
El peligro de la «psoeización»

El riesgo no está en si el PSOE sufre una mayor o menor «podemización», si no en que Podemos no sufra una «psoeización», ya que esto sin lugar a dudas podría significar el fin del proyecto.

2017/08/07

Tras una primera fase que podríamos denominar de caldo de cultivo, donde el foco estaba puesto en la movilización y reivindicación social a través del 15M, y una segunda fase que podría considerarse de proceso electoral, donde la acción era combinada entre la calle y la creación de un nuevo sujeto político como Podemos, llegamos a un tiempo de baja movilización social donde la actividad de las fuerzas transformadoras pasa casi por completo por las instituciones. En un escenario de este tipo a nadie le extraña que Podemos se encuentre inmerso en un debate acerca de las políticas de pactos y de alianzas. El verdadero reto coyuntural estriba en cómo vayan a plantearse ese tipo de pactos. Por un lado, si la formación va a mantenerse fiel a sus principios soberanistas dando el protagonismo a las bases o si, por el contrario, cada vez será más común a asistir a una serie de tomas de decisiones de carácter vertical. Por otro lado, si ese tipo de alianzas serán más o menos puntuales o incluso cuando deban ser de gobernabilidad, si la formación se mantendrá firme sin renunciar a los principios transformadores para no caer en un proceso de parcheo constante con el riesgo de diluir nuestras señas de identidad en un proyecto ajeno.

Frente a aquellos que apuestan por un partido totalmente institucionalizado donde en el mejor de los casos la organización se convierta en una especie de Izquierda Unida inflada que funcione como muleta de los socialistas, y en el peor en un PSOE 2.0, defendamos más calle, más movilización, más reivindicación, en definitiva más poder popular. Pero sin duda el verdadero problema en este proceso, más aún si cabe que quienes quieren echarse sin condiciones en brazos de los socialistas, son aquellos funambulistas que con cansina pedantería replican un par de frases sacadas de algún artículo del actual Laclau, el socialdemócrata, haciendo equilibrios entre lo abstracto y la metáfora para acabar no diciendo nada. A estos les pediría que si quieren disfrutar de una buena metáfora lean a autores como Allen Ginsberg, o si lo que les gustan son los conceptos abstractos, que visiten alguna pinacoteca donde admirar la obra de Malevich, pero que esto es política, una nueva forma de hacer política, una política valiente donde no tienen cabida ni los significantes vacíos, ni las difusas equidistancias, ni las disertaciones que no vayan acompañadas de una praxis, de una respuesta directa que mejore el funcionamiento de la organización en favor de una mejora en nuestra sociedad.

El riesgo no está en si el PSOE sufre una mayor o menor «podemización», si no en que Podemos no sufra una «psoeización», ya que esto sin lugar a dudas podría significar el fin del proyecto. Lo del PSOE no deja de ser si no un bandazo más en el camarote de los hermanos Marx, haciendo honor a la célebre frase de Groucho: «estos son mis principios, si no le gustan tengo otros». Una reestructuración del partido socialista que comenzó con un Madina, supuesta ala izquierda del partido, enfrentado a un Sánchez, avalado por el aparato y en representación del PSOE más rancio, nada social-demócrata y que aplica, en el mejor de los casos, políticas social-liberales cuando no son directamente de derechas. Película que es sabido por todos como termina, con un Madina recientemente fuera del partido y un Pedro Sánchez controlando el aparato tras haber probado, sin ningún escrúpulo, cualquier fórmula; desde la gran coalición a la europea, a un intento de política ficción tratando de aunar en el mismo proyecto a Podemos y Ciudadanos, para terminar declarando que los poderes fácticos le habían impedido pactar unilateralmente con Podemos. Poco más que decir que un lo siento, no cuela Pedro. A un personaje que insulta la inteligencia de la gente al pasar de plantear una gran coalición con el Partido Popular a, en los últimos tiempos, hacer suyo de manera ignominiosa el espíritu del 15M.

No es tiempo de caer en las redes del Partido Socialista, ni de reformas, ni de alternancias, ni de más parches, pero sobre todo no es tiempo de más Sánchez. Ser de izquierdas, pertenecer a una organización transformadora requiere de un claro compromiso. No vale con llevarlo en las siglas, ni con gritarlo en los mítines, sino que hay que demostrarlo mediante la acción política. Tampoco es tiempo de empezar a imaginar que haría uno si fuera catalán, sino que es tiempo de dejar a los catalanes, como sociedad y pueblo adulto que son, que decidan libremente su futuro ejerciendo uno de los derechos más fundamentales de cualquier democracia, el derecho a voto. Algunos no olvidamos lo que hace no tanto gritamos en las plazas, aquello de «democracia real ya». No hace tanto que apostábamos por terminar con el régimen del 78 porque para quien se le haya olvidado habrá que recordarle que seguimos viviendo bajo ese mismo régimen, que nos siguen echando de nuestras casas y que mientras algunos ven ciertas mejoras en la tasa de paro, otros vemos esclavitud asalariada. Porque en definitiva es tiempo de cambio, de arriesgar sin complejos, de hacer política para valientes, pero sobre todo dejándole bien claro al establishment que es nuestro tiempo y que el suyo ya pasó.

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