Nosotras las ciudades ciudadanas

Hace poco las alcaldesas de varias ciudades Europeas escribían una carta al hilo de la situación de miles de personas desplazadas por guerras y conflictos en diferentes lugares del planeta (Siria, Kurdistan, Afganistán, etc…).

2015/10/24

Las alcaldesas de Barcelona, Paris o Lesbos, piden a los estados Europeos responsabilidad para con el género humano frente a la mayor crisis civilizatoria tras la segunda guerra mundial.

La carta se titulaba “nosotras las ciudades”, hoy, nosotras, las ciudadanas, nos sumamos a la idea de construcción de un sujeto urbano consciente y solidario. Porque, entendemos  que es también una llamada a repensar el papel de las ciudades en el contexto actual.

Nosotras, paseantes críticas de la ciudad; queremos sumarnos a esta llamada, y, señalar que, además de las evidentes consecuencias de las crisis globales (Ecológica, Económica, de Asilo, etc…), las ciudades son hoy más que nunca la encarnación el conflicto capital-vida. Hemos dejado en manos de técnicos y empresas la determinación de las condiciones de vida de nuestras hijas y nietos.

Entendemos que lo que está en juego es la protección de la posibilidad de una vida “que merezca la alegría de ser vivida” en el contexto urbano. Todo esto, en un contexto global donde cada vez mas personas vivimos en ciudades, mientras, el territorio se vacía. Está en peligro la ciudad como lugar de vivir y convivir, está en peligro la escala del día a día, a escala de una vida que “merezca la alegría de ser vivida”.
Hacemos nuestra la reflexión de Cristina Vega Solís cuando dice: “una se pregunta muchos días como es posible que las cosas funcionen, para descubrir, una vez más, las frágiles redes sobre las que se sustenta nuestra vida cotidiana”

Y, con el vaciamiento de la vida en la ciudad, esta se ha convertido en un sistema que se come recursos del territorio como si este estuviera a su servicio, y como si el agua y la tierra fueran bienes ilimitados…


En medio de este panorama de nubes negras, Alternatiben Herria es un día para señalar las luces que brillan en nuestros pueblos y ciudades. Estas prácticas y teorías que compartimos hoy son un  “mar de fueguitos”, son la mecha del cambio para equilibrar las ciudades y re-conectarlas con la vida.  

Es el momento de visualizar esas redes frágiles que sostienen la vida en la ciudad, hacerlas protagonistas del cambio de paradigma en el hacer urbano y urbanístico.

Es el momento de la “gente común” (como rumbeaba Ada Colau), porque somos el sujeto plural del cambio.

Necesitamos re.inventar el urbanismo y la participación, hacer colectivamente para re.apropiarnos del devenir de nuestras ciudades. Creemos firmemente que es el momento de pasar a la acción, y no solo en la gestión de los gobiernos municipales.

Creemos que es momento de actuar, desconectarnos de las inercias administrativas y conectarnos con las necesidades y ritmos de las vidas de la ciudadanía.
Escuchamos hace poco que una sociedad democrática es aquella que asume el disenso, las diferencias, el debate y el conflicto.

Pues, bien, aquí estamos para evidenciar los conflictos y construir puentes de igualdad y solidaridad desde el disenso.
 
Necesitamos ciudades de colores, como nos recordaban desde Gasteiz. Ciudades para una infancia donde sea posible la autonomía, ir a la escuela solas y jugar en la ciudad. Queremos ciudades donde hacerse viejo no sea sinónimo de exclusión en lo público.
Y, para ello… ¿Podemos pensar, en este momento en el que la capacidad de decisión de los estados parece ser suplantada por las trasnacionales y la banca, cual es el papel político de las ciudades?

Sí, es el momento de hacer política desde la ciudad y desde la ciudadanía. Hacer política urbana para proteger el territorio.

Hacer política urbana para proteger la vida, para curar.

Hacer política urbana para defender los derechos de las mujeres, para combatir la violencia.

Hacer política desde las ciudades, y,  frente a un sistema psicópata, tejer redes para sostener la vida, una vida que merezca la alegría de ser vivida y compartida!