Arantza Eziolaza Galán

Querido hermano

En otro tiempo hubiera empezado así mi carta, luego, después de decirte que espero que estés bien y que no te falte lo básico para vivir, te hubiera contado que «estamos bien, celebrando la Navidad y con muchas ganas de volver a verte…» Pero este año, tú lo vas a entender, mi carta de Navidad se la voy a enviar a la gente de este pueblo, nuestro pueblo, Euskal Herria, y la voy a empezar así:

Queridos vecinos y vecinas de nuestra amada Euskal Herria:

Espero que al recibir esta carta todos y cada uno de vosotros, de vosotras, os encontréis en perfecto estado de salud. Espero también que, dado los tiempos que corren, disfrutéis de comida, ropa, zapatos, trabajo y, por supuesto, un poco de amor cada día y con, todo mi corazón, que estas Navidades no falte nadie de los vuestros a la mesa.

Me dirijo a vosotros para deciros que este año en mi casa tampoco estará mi hermano y que en las casa de Mari, de Mª Jesús, de Cristina, de Mari Carmen, de Celia, de Sara, de Hegoa, de Maite, Araceli y de muchas otras amigas han faltado sus hijos, sus padres o hermanos a la cena de Nochebuena, a la comida de Navidad y seguramente no estarán tampoco en las de Nochevieja y Año Nuevo. De algunos no sabremos dónde, ni cómo las pasarán y los otros celebrarán esas comidas en la soledad de la celda de una cárcel, a cientos de kilómetros de casa. A esto le vamos a sumar la preocupación por el grave estado de salud en que se encuentran José Ramón y los demás.

Estas fechas son duras para los familiares de presos o exiliados, siempre lo han sido, pero más en este momento en el que sentimos que quienes tienen el poder no tienen intención de afianzar el proceso de paz. Unos tiempos en los que siguen sin respetarse los más básicos derechos humanos, como el de que los presos enfermos graves vuelvan a casa para ser atendidos de acuerdo a las necesidades de su enfermedad o el de que todo preso tiene derecho a cumplir su condena sin ser desarraigado de su entorno a cientos de kilómetros de su pueblo, de su familia y amigos. Necesitamos que esta situación se termine porque a nosotros, los familiares de presos vascos, nos han condenado, sin acusación y sin juicio, por el hecho de serlo, a jugarnos la vida durante años cada fin de semana en las carreteras y, lo peor, a perder la vida en ellas unas cuantas veces.

Esta carta no la escribo para que los que ostentan el poder vuelvan a escuchar un nuevo grito de denuncia, no. A estas alturas ya he aprendido que esos ni tienen corazón ni son solidarios, por eso la escribo para vosotros, compañeros y compañeras de trabajo, para los que vivís en mi portal, en mi barrio, en mi pueblo, para los que os sentáis a mi lado en el urbano, compráis en la misma panadería que yo el pan cada día, para los que paseáis a mi lado por las calles de la ciudad. A vosotros sí quiero deciros algo, quiero pediros algo: que no nos dejéis solos ahora, seguid reivindicando con nosotros el cumplimiento de la ley, el respeto a los derechos humanos para que esto se arregle definitivamente, para que nunca más vuelva a repetirse, para que este pueblo cure de una vez por todas sus viejas heridas y pueda seguir adelante en paz.

Mis mejores deseos para todos en este próximo año que llama ya a nuestra puerta.

Euskal preso eta iheslari guztiak, etxera orain!!

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