Violencia de género
Bernardo A. Vicente
2017/10/11

No me arrepiento. Pero no veo mi vida sin ella.

Desde el principio, hemos tenido nuestros desencuentros. Más de una vez, llegue a pegarla para someterla, debía reconocer mi amor, y fue bien durante un tiempo. Otras veces tuve que volver a hacerlo. Le pegaba y conseguía que siguiera a mi lado.

Cuando tras un síncope que me volvió el cuerpo al revés y ella se alejó, conseguí su retorno. Eso sí, esta vez le di más duro y aunque la recupere, sumisa, nunca volvió a ser lo que fue. Pero daba igual, yo le quería. Le necesitaba.

Tras una larga convalecencia, volví a medio recuperar lo que fui. A ella le hice regalos que durante bastante tiempo consiguió unirnos. Nos necesitábamos. Nunca fue como en los buenos tiempos, no en todo su ser, pero era suficiente, yo la quería. Nos comprendíamos y nos respetábamos, desde su sumisión. No era lo que fue, pero ya la quería.

Ahora me quiere volver a dejar. Esta vez va en serio. Pero yo la quiero. No voy a dejar que me deje. Es mía. He vuelto a ser duro. Le he vuelto a pegar. Pero no se achanta. Le he coartado su libertad de movimientos, le bloqueado su cuenta en el banco, le difamo ante todos, pero no se achanta. Y le he vuelto a pegar. Porque yo la quiero.

No me dejará. Antes cometo una locura. Yo la quiero. Evitaré como sea que me deje. Haré de su vida un infierno. Yo la quiero. ¿No entendéis que le quiero, que le necesito?

Al final, llenaré de sangre mis manos por el amor que le tengo. Porque la necesito y le haré sufrir hasta que entienda mi amor por ella.

Y si no es mía, nada será.

Su nombre: Catalunya.

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