Cálculo de escenarios y gestión de tiempos para el cambio político

Leyendo la entrevista a Andoni Ortuzar, un auténtico maestro de la política y la comunicación, cuesta creer que estemos en 2017 y que el PNV gobierne en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa con el PSE, apoyados por el PP, y que acabe de suscribir un pacto en Madrid con el PP de Mariano Rajoy. Los números dan para otras alternativas, en Euskal Herria y quizás hasta en Madrid, pero la voluntad política del PNV es esta.

En boca de Ortuzar la concertación con el unionismo más rancio suena poco menos que inevitable, a veces como mal menor y otras veces incluso como bicoca. El presidente del EBB es capaz de dar relevancia a esos acuerdos hasta cuando admite que lo logrado equivale a lo que el Estado había restado ilegítimamente a las instituciones vascas, y a la vez de quitar trascendencia a que sus aliados sean un PSOE en descomposición y un PP corrupto y totalitario.

Fortalezas y debilidades

Lo interesante de la entrevista es que, junto con la inteligencia de su líder, muestra las debilidades de su posición, algo de lo que sus adversarios deben tomar nota.
Desde un punto de vista democrático, ni qué decir desde un punto de vista abertzale, justificar el veto de las minorías corruptas y retrógradas españolas sobre las mayorías democráticas y progresistas vascas no es sencillo. La disociación entre sostener a Rajoy y dar aliento a su ideología y a sus políticas se torna insostenible, a pesar de la naturalidad con la que lo defiende el líder jeltzale. Leyéndole cabría inferir que considera al PP más democrático que, por ejemplo, a ELA.

Todo indica que el PNV está teniendo serios problemas para justificar esta alianza, especialmente allá donde es menos fuerte, como en Gipuzkoa o Gasteiz. Muchos de ellos aparecen acomplejados por estos pactos, y solo el orgullo reactivo ante algunos ataques parece acercarles al triste destino elegido por sus dirigentes. A su vez, algunas de las decisiones del PNV están destinadas a hipotecar escenarios a futuro, no a realizar políticas coherentes con las necesidades de la ciudadanía y con el tejido socioeconómico. Esto es muy evidente en Gipuzkoa. Son conscientes de que el cambio político llegará, en dos años o en cuatro, pero tiene razón Ortuzar cuando advierte de que solo vendrá de una acción política acertada y coherente. Y el tiempo corre.

Dejarse utilizar por Rajoy para contraponer el sentido de estado de los jeltzales al proceso democrático catalán es lamentable. Como lo es que el lehendakari no se atreva a votar en las consultas convocadas el fin de semana pasado. O que calcule que ejercer ese derecho no es conveniente políticamente en este momento, bien por no enfadar a sus socios o por no alentar el impulso democrático de la ciudadanía vasca. Además de los líderes de EH Bildu y otros abertzales, en esas consultas han votado cargos de Podemos, jeltzales, simpatizantes del PSE, sindicalistas de CCOO… y Urkullu se quedó en casa.
Lógicamente, el pacto con la derecha también incomoda a un PSE desaparecido, subsumido en un Gobierno en el que pinta poco y anulado por una sangrante guerra interna. Podría haberle servido para ganar centralidad y perfil político, ahora que el PNV se coloca abiertamente a su derecha, entre ellos y el PP, pero en este momento el PSE no tienen ni instinto, ni talento, ni valor. Algunos de sus cargos en ayuntamientos y diputaciones son un lastre que los jeltzales apenas pueden sobrellevar, y eso se nota. Es sorprendente cómo puede un partido ser tan irrelevante estando en el gobierno de las principales instituciones vascas.
 
Escenarios poco realistas y plazos reales

El discurso de la superioridad en el nivel de vida y en la calidad democrática de Euskal Herria respecto al Estado, eje central del posicionamiento del PNV, casa muy mal con asociarse al PP y al PSOE, responsables directos de la decadencia española y minoritarios en Euskal Herria.

Pensar que lo que pueden ofrecer esas fuerzas a la sociedad vasca es algo más que autoritarismo, dependencia y empobrecimiento es irreal. Apostar por la estabilidad del Estado español es muy arriesgado, porque la corrupción no va a cesar, el dinero no va a dar y la cultura democrática no va a florecer. El PNV lo ha hecho por un cálculo de escenarios. También ha ganado un tiempo que necesita para alinear las diferentes estructuras de poder del país. Escenarios y plazos son dos ejes que pueden alterar una realidad política que parece tranquila, pero que tiene bases débiles y alternativas viables.

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