Tortura, un grito entre silencios clamorosos
2017/03/16

Los informativos aparecen hoy día repletos de noticias de juicios: corruptelas varias, crímenes más o menos sórdidos, sucesos de aquí y de allí... han devenido en espectáculo mediático. El que se desarrolla desde el martes en Bilbo tiene una gravedad política añadida por la clase de delitos, y porque los acusados de perpetrarlo son «funcionarios públicos», pero constituye una excepción flagrante: no se encontrará en esos telediarios y teleberris, y en las escasas excepciones su impacto se amortigua por la falta de imágenes de los acusados y de la víctima. El audio, único formato difundido ayer, en que Sandra Barrenetxea revive entre sollozos el tormento que padeció en manos de la Guardia Civil se queda muy corto para reflejar el grado de sufrimiento que se sintió en la sala de vistas. Y esa ocultación es una prolongación más de la incomunicación en los calabozos, de los traslados sin testigos, del secreto del sumario, del silencio político...  

Contra viento y marea, superando las evidentes secuelas sicológicas del trauma, en un ejercicio de valentía auténticamente heroico, Sandra Barrenetxea ha llevado al final su denuncia, superando tres archivos judiciales, afrontando el escenario de intimidación que creó el martes una sala llena de guardias civiles, hasta darse la vuelta y entre llanto señalar a tres de ellos por torturarla y agredirla sexualmente. No solo el tratamiento mediático resulta vergonzoso. También lo es que no haya contado para ello con el respaldo institucional que debiera amparar a toda víctima de esta doble lacra: tortura política y violencia machista.

Reconocer la realidad de lo ocurrido en comisarías y cuarteles sigue siendo tarea pendiente. El informe encargado por Lakua estaba destinado a pasar esa página del negacionismo, pero las palabras de dirigentes del PNV recurriendo a la trampa de contraponer las condenas con los casos reales o la inacción ante este juicio reabren las dudas. Sigue habiendo demasiado silencio, excesiva sordera, ante el grito espeluznante de las personas torturadas.