Artegunea alberga la primera retrospectiva europea de Tina Barney
Date
07.18.25 - 11.02.25
Place
Gipuzkoa - Donostia

‘Tina Barney. Lazos familiares’, la primera retrospectiva europea sobre la artista, ha llegado a Artegunea (Tabakalera) de la mano de Kutxa Fundazioa. Producida por el museo Jeu de Paume de París y comisariada por Quentin Bajac, se podrá ver desde hoy y hasta el 2 de noviembre.
En total el visitante podrá ver 54 obras de gran formato que ilustran el recorrido de esta figura clave de la fotografía que, a partir de los años 70, reflejó la intimidad de la clase alta estadounidense que tan bien conoce.
Hija de una modelo y decoradora de interiores y de un financiero gran coleccionista de arte, Barney nació en 1945 en Nueva York. Nació y creció en una de las grandes familias acomodadas de la costa este de Estados Unidos. Aunque su vida parecía dirigida a otros destinos, eligió la fotografía y retrató a sus modelos más cercanos, su entorno familiar y otras personas adineradas, a la que su mirada ha dotado de cierto aire de frialdad e incomunicación.
En su juventud llevó la vida a la que parecía estar predestinada, pero en 1973 comenzó a experimentar con la fotografía cuando su familia se trasladó a la estación de esquí de Sun Valley, donde se impartían talleres de esta disciplina.
Empezó a fotografiar a sus amigos y familiares hacia 1976. Desde entonces ha utilizado fundamentalmente una cámara de fuelle que le ha permitido realizar las fotos en gran formato que posibilita reflejar matices y texturas. La fotografía se convirtió para ella en una herramienta de introspección sobre su propio modo de vida. A partir de los años ochenta, cuando Tina Barney tomó fotografías de gran formato de estadounidenses de la costa este, que presentaban toda su banalidad cotidiana.
Cotidianidad
La familia ha sido el objetivo de su cámara desde un inicio, cuando se adentró en la cotidianidad de sus propios allegados, a los que capturó en momentos como una barbacoa en la que aparecen ataviados con corbata o composiciones en las que figura la empleada de hogar en la escena, aunque separada del resto. Los ritos, las tradiciones, cómo se visten los protagonistas de sus fotografías, los gestos, las actitudes y, sobre todo, las relaciones que los unen, son las inquietudes de Barney, a los que ella aplica una mirada distante, «casi antropológica», indicó Bajac en la presentación.
La propia Barney ha rechazado que exista una intención crítica en su obra, señaló el comisario, que reconoce que «efectivamente no hay un objetivo satírico» en la fotógrafa de la neoyorquina por la empatía que le une a sus amigos y familiares, «pero sí se aprecia una dimensión crítica por la distancia que interpone entre ella y sus modelos», explicó. «La apariencia es perfecta pero no hay idealización. En muchos casos es la imagen misma del antiheroísmo», dijo.
Desveló una forma de intimidad entonces raramente vista en fotografía. Incluso si pertenece a una generación de artistas que practican la fotografía casera como Sally Mann o Mary Frey y ha seguido de cerca la obra de Jeff Wall, ha desarrollado un estilo único concibiendo imágenes en la intersección de las instantáneas monumentales –posibilitadas por el uso de la cámara– y la observación de la pintura de caballete.
Las relaciones entre generaciones y en particular la cuestión del modelo parental, la transmisión y la educación son un hilo conductor que recorre toda su obra.
Desveló una forma de intimidad entonces raramente vista en fotografía. Incluso si pertenece a una generación de artistas que practican la fotografía casera como Sally Mann o Mary Frey y ha seguido de cerca la obra de Jeff Wall, ha desarrollado un estilo único concibiendo imágenes en la intersección de las instantáneas monumentales –posibilitadas por el uso de la cámara– y la observación de la pintura de caballete.
La muestra recorre 40 años de carrera de la artista, mezclando fotografías de sus comienzos y trabajos inéditos, obras de encargo y personales y dos películas que realizó, nunca mostradas.
Los europeos Barney es una figura clave de la fotografía estadounidense contemporánea. La exposición recoge obras que incluyó en su libro ‘Los Europeos’, un conjunto de retratos de aristócratas y marchantes de arte realizadas entre 1997 y 2003 en los que muestra representantes de diferentes generaciones en composiciones cuidadas y bajo títulos sugerentes. ‘El ancestro’ capta dos nobles británicos, padre e hijo, bajo la mirada del antepasado plasmado en un cuadro; en ‘Las manos’, un marchante de arte y su vástago, un niño pequeño, mantienen el mismo cruzado de manos como símbolo de continuidad. «Estos son trabajos más próximos a la prensa, ya que son personas a las que la artista no conoce, por lo que se siente más alejada y están dotados de una mayor monumentalidad», señaló Bajac.
Aunque se la considera retratista, la creación del espacio es una de las obsesiones de la fotógrafa, que introduce para ello constantes referencias pictóricas además de tomas complejas y diferentes niveles de planos. Barney ha realizado también fotos de encargo como la que le encomendó una familia de Texas cuya mascota resultó ser una serpiente. Los miembros aparecen con gestos contrapuestos, desde la indiferencia del hijo que ojea una revista, al aburrimiento de la hija que tiene en sus manos el reptil y la sonrisa de los padres, los únicos que parecen disfrutar del momento.
La exposición homenajea así a esta artista que «se ha mostrado poco», pero que «concita el respeto de otros fotógrafos de su generación y de los más jóvenes», según Bajac.
Las referencias a la historia del arte y en particular a la pintura son numerosas en la obra de Tina Barney, que creció rodeada de pinturas, «ya sea en la tradición de los retratos de grupo del siglo XVIII, pintura holandesa del siglo XVII, cuyo exceso decorativo utiliza, hasta su insistencia en el detalle, pero también en los impresionistas y postimpresionistas, evocados por el juego del espacio y la profundidad, y, por último, en el arte de la puesta en escena y la narración ut pictura poesis –la idea de que la poesía y la pintura utilizan la imitación para provocar en el espectador la emoción o goce estéticos– que impregna toda la obra de la fotógrafa».
La exposición está concebida como un paseo a través de las impresiones a gran escala producidas por la fotógrafa –120 x 160 cm, en color o blanco y negro–. «El gran formato pretende cambiar la relación entre el espectador y la fotografía haciendo que la persona espectadora participe más en la imagen, ampliando así la experiencia de la fotógrafa», explicaron.
El horario de visita es de 12.00 a 14.00 y de 16.00 a 20.00. Entrada libre.
Location
Artegunea
Andre Zigarrogileen Plaza
Donostia. Gipuzkoa