Cuando estudiábamos, el libro de Derecho Internacional era muy grueso e interesante pues se aprendía todo lo relacionado con la legislación aplicable en el orden internacional, y la ONU después, y todo aquello que todos los países debían respetar para que el mundo no fuera del más fuerte, aunque incluso dentro de esas normas, y, concretamente en la ONU, las grandes potencias tengan derecho de veto, lo que les permite bloquear cualquier decisión, si no es de su agrado. Ahora recuerdo aquel tomo gordísimo y lo imagino con un caganer de pelo zanahoria ciscándose encima del libraco.Lo ocurrido en Venezuela supera todo lo imaginable. Hasta ahora, cuando la policía mataba a alguien en caliente, se hablaba de que había sido abatido, que parece mucho más suave. Ahora los yanquis hablan del secuestro ilegal del presidente de un país soberano y su esposa y dicen que han llevado a cabo una operación quirúrgica de precisión, un espectáculo maravilloso televisado en streaming para Trump y su cuadrilla, en el que ahora se va sabiendo a cuentagotas que mataron a más de 100 personas. Y sin el menor rubor se aclara que tal vulneración del orden internacional se lleva a cabo para llevarse por la fuerza todo el petróleo que quieran. Gratis total. Trump en persona va a administrar la rapiña y dirigir el país. De elecciones, nada de nada, una autentica restauración del orden democrático. Ahora se va sabiendo que los apresados están heridos, y la explicación es que resultaron lesionados cuando trataban de huir al golpearse ellos mismos, explicación esta que aquí conocemos bien, pues es la que se da siempre que alguien denuncia haber sido torturado. Tras tanto tiempo hablando de que los auténticos representantes de los venezolanos son Edmundo y Maria Corina, ahora nos aclaran que no cuentan con ellos porque no tienen el respaldo del pueblo. Y eso, aunque Corina se muestre dispuesta a subarrendar a Trump su premio Nobel con derecho a cocina. Ahora a por Groenlandia: o la compran al precio que impongan o la ocupan. Y después vendrán otros. Es la ley de la selva.