Cuando nadie se acordaba ya de ellos, porque estaban enterrados en el baúl de los recuerdos, llegó la maldición de la pandemia y el Duo Dinámico saltó a la palestra con aquella canción que se puso de moda para cantar desde los balcones en agradecimiento a los y las trabajadoras de la sanidad pública que, día a día, se jugaban el pescuezo sin equipos de protección adecuados, al menos al principio. Diariamente al atardecer la gente salía a los balcones a aplaudir y, en muchos casos, cantaba aquello de "Resistiré". Ahora, varios años después, vuelven a colocar en el candelero otra de sus canciones: "Mari Carmen". Ha ocurrido en cuestión de pocos días: la burbuja de la vivienda ha vuelto a reventar, y es que la situación es insostenible, y la imagen de una octogenaria sacada en volandas de su casa en una camilla y trasladada en ambulancia al hospital conmocionó a la sociedad en su conjunto con algunas excepciones, como la de Ayuso experta en áticos de millones de euros, pero que se dedica a hacer bromas de mal gusto, como que cuándo le van a decir a ella a qué edad puede dejar de pagar la renta cuando la pobre desahuciada nunca había dejado de hacerlo. El caso es que esas imágenes, la fulminante reacción de la calle y, probablemente, la proximidad de campañas electorales, han propiciado que toda la caterva de políticos se sume al carro y trate de apuntarse el tanto de la solución que en pocos días han acordado con los propietarios del inmueble que tan cruelmente la desahuciaron, para que vuelva a la casa en la que vivía desde hace más de 70 años, pagando ahora, más o menos, la misma renta que antes. Un milagro. Ahora todos quieren apuntarse el tanto, empezando por el alcalde madrileño, que no sabe qué hacer para que le quiten de la Puerta del Sol la acampada que ha aflorado en su descarnado cemento. El Gobierno legisla contrarreloj y hoy sabremos si los decretos se convalidan o no, pero, mientras tanto, el orfeón de los oportunistas no deja de cantar a voz en grito: «Es Maricarmen, dijeron todos».