Aún no ha empezado oficialmente la campaña electoral y Alberto Núñez conocido por su segundo apellido, Feijóo, ya ha dado muestras, una vez más, de su incompetencia para gobernar un país de cincuenta millones de habitantes. Tras las anteriores elecciones al Congreso, acuñó aquella frase lapidaria de que no gobernaba porque no quería, acompañada por unas gesticulaciones que la hacían aún más ridícula. Afirmaba el gallego, amigo del narco, que, pese a haber ganado las elecciones, no gobernaba porque no vendía sus principios, aunque lo cierto es que los números no le daban. Pero como es un hombre pragmático, ha ido flexibilizando esos principios poco a poco. Y así ha ido formando gobiernos con Vox en las comunidades autónomas en que le ha hecho falta. Al principio decían que con la pinza puesta en la nariz porque tenían que apoyarse necesariamente en la extrema derecha, pero después, sin el más mínimo pudor, sobre todo a la vista de la progresiva subida de votos de los de Abascal; y hoy, no solo hablan con naturalidad de gobernar con ellos, sino que cada vez es más difícil distinguir el discurso de unos y otros, hasta parecer que no son más que distintas facetas de lo mismo. Y así Feijóo ha vuelto a tropezar en la piedra de las pensiones, particularmente delicada porque hay cerca de diez millones de pensionistas que votan, y un error de cálculo en esa materia puede llevarle a la ruina. Cuando gobernaba Rajoy, vació la hucha de las pensiones y las “garantizó” con una subida del 0,5% anual. Teniendo en cuenta que este año la inflación puede acabar en torno al 5%, esa supuesta garantía supondría en la práctica una reducción del 4,5% del poder adquisitivo de los pensionistas. Un chollazo. Pero no hay duda de que tanto el PP como Vox andan enredando en ese tema, pues también se habla de privatizar parcialmente el sistema porque si no, va a petar. Hay que cambiar, y el cambio, como no, va en dirección de pedir sacrificios. En una palabra, que quieren asaltar el inmenso pastel de las pensiones y privatizarlo. Direccionándolo a sus insaciables bolsillos.