Cuando en nuestra infancia estudiábamos historia, de España, por supuesto, había que memorizar todo, especialmente los principales hitos, y entre estos, los más destacados eran siempre las batallas. Había que recordar el lugar en que ocurrieron y el año. Este último dato era muy difícil de retener, salvo en casos en que el año fuera inolvidable como en el caso de la de Calatañazor, porque decían que fue en 1002, o la de las Navas de Tolosa, en 1212. En otros casos, se recordaba por otros factores, como la facilidad para hacer rimas sugerentes con el nombre. Es el caso de la batalla de Clavijo, que además de su propio nombre muy dado a la rima fácil, está muy cerca de Logroño, por lo que nos encantaba hacer ripios «verdes» con estas palabrejas. Es casi seguro que la batalla en cuestión nunca existió, pero la leyenda popular dice que se enfrentaron las tropas asturleonesas a las musulmanas en plena Reconquista. Los cristianos, la noche anterior, gritaron «Santiago y cierra España», y, como era de esperar, vencieron a los sarracenos, circunstancia que la catedral de Santiago aprovechó para establecer el Voto de Santiago, un tributo que los reinos cristianos tenían que pagar en agradecimiento por el milagro del apóstol que les dio la victoria, y que estuvo vigente hasta el siglo XIX. Negocio redondo esto de cobrar por algo que nunca existió, pero las religiones son así. Ahora el que ha solicitado la intervención milagrosa del apóstol es el presidente de Canarias, Fernando Clavijo, que, ante la llegada del barco con infectados de hantavirus, no ha dudado en clamar ¡Santiago y cierra Canarias! en un alarde de desprecio a las normas humanitarias más elementales y de las de salvamento marítimo. Su actuación en este asunto ha ido in crescendo hasta apelar al peligro de contagio por las ratas nadadoras. Como no sabe salir del jardín en el que se ha metido, carga contra Sánchez y su Gobierno alegando deslealtad y que le engañaron, pero parece claro que ha quedado con el culo al aire, porque la gestión del asunto ha sido elogiada internacionalmente.