La equidistancia no es solo la excusa de quienes tratan de rehuir los compromisos, no es solo un pretexto para no denunciar y actuar contra los atropellos, no es solo la coartada de quien pone sus intereses por encima de la justicia. La equidistancia, simplemente, no existe. Es, en realidad, una distancia acomodada al rédito que proporciona, ajustada a los cálculos que en cada momento determina la obtención de un beneficio, sea cual sea su naturaleza. La equidistancia, mal disfrazada de respeto a todas las opiniones, de neutralidad ante el conflicto, de aséptica imparcialidad y de cómoda abstención ante los abusos, esconde siempre un apoyo más o menos oculto, más o menos cobarde, más o menos incómodo, a una opción concreta y definida. Hay que desenmarcarar, de una vez por todas, la equidistancia. Lo dicho, por supuesto, vale para los estados y para los gobiernos, sea cual sea su ámbito; para quienes tienen la obligación delegada de tomar decisiones en defensa de la sociedad y velar activamente por sus derechos individuales y colectivos. Vale para partidos políticos, instituciones, sindicatos y asociaciones confesionales; para comunidades, clubes, consorcios y cofradías; para ateneos, gremios, mancomunidades, peñas y federaciones. Para cualquier colectivo social, deportivo, cultural o gastronómico. Pero también para cada uno de nosotros y nosotras, de forma individual y vinculante. Todo lo que ocurre a nuestro alrededor nos concierne, nos afecta y nos condiciona. No podemos limitarnos a contemplar la realidad a través de una pantalla, cada vez más pequeña, y pensar que no es asunto nuestro. Siempre lo es. La equidistancia es pasividad. El futuro del planeta depende de romper con la pasividad que amenaza con destruir nuestra convivencia. Hay mucho donde elegir. Gaza, por supuesto, es el paradigma en este momento. Pero hay más. El medio ambiente, la justicia social, la abolición del patriarcado, los derechos nacionales, laborales y civiles. La solidaridad. La democracia. La libertad. Son grandes palabras, lo sé. Por algo lo son.