Siempre he creído más en el pesimismo de la razón que en el optimismo de la voluntad, utilizando la máxima gramsciana. Pero en los momentos tenebrosos, y sin duda el presente lo es, es fácil ofuscarse y creer que toda luz es un espejismo y que ninguna oportunidad es real. Israel está cometiendo en Gaza actuaciones terribles, quizás la peor cosa de la que el ser humano es capaz, como es querer borrar de la faz de la tierra a otro grupo entero de personas. Y lo peor de todo es que, hasta ahora, yo mismo hubiera estado de acuerdo en que no había nada que se pudiera hacer para pararlo.Pero, en los últimos meses, están ocurriendo cosas inesperadas. La primera y más evidente es que Israel ha perdido el relato. Y esto no es poca cosa para un país que lleva décadas cuidando minuciosamente su imagen, invirtiendo esfuerzos ingentes en propaganda, diplomacia y relaciones internacionales. La imagen de Israel como simpática democracia en Oriente Medio, de cultura y valores occidentales y respeto a los derechos de minorías, está muerta. Ha dejado de ser creíble para la mayoría de las opiniones públicas del mundo. La segunda cuestión inédita es el aislamiento internacional que está sufriendo Israel. Es evidente que nada de lo que ha pasado hasta ahora ha servido para que el genocidio en Gaza pare y, por tanto, todo lo que ha ocurrido es insuficiente. Pero no es poco. El reconocimiento en cascada del Estado palestino de los grandes países europeos o la imagen de un Netanyahu solo con el apoyo de Trump en la ONU son cosas importantes, que nadie esperaba ver antes. Precisamente porque esto ha pasado, creo que no es ingenuo plantear como posible una reacción social y política en Europa que haga muy complicado poder sostener el actual nivel de impunidad de Israel. Yo no sé cuál es la vía idónea en términos prácticos. ¿La acción de la justicia internacional? ¿Las sanciones económicas, el aislamiento, el freno de la ONU? Sí creo que ahora mismo la presión de la gente ha demostrado ser la mejor herramienta para que en Gaza pueda haber una luz de esperanza.