Otra vez Dios como referente y motor de la acción política. El no va más del ecumenismo: católicos integristas y evangélicos blancos al alimón junto con judíos sionistas dirigiendo el destino de los USA, marcado por la voluntad de una camarilla de sociópatas que ocupan el gobierno de Washington. Degenerados puteros en lo privado, fervientes judeocristianos belicosos en la esfera pública o, lo que es lo mismo, crápulas de cuerpo y espíritu a tiempo completo, pontificando acerca del Bien y del Mal.Crímenes impunes, detenciones ilegales, humillación y burla hacia representantes políticos de otras naciones, desprecio por las instituciones internacionales y ahora, además, la verbalización sin tapujos de sus intenciones de expansión territorial apelando a la necesidad de espacio vital, el viejo lebensraum nazi o del actual Israel, para justificar la invasión y anexión de territorios. Todo al amparo de una teología simplista, la del Nacionalismo Cristiano como relato fundacional y base ideológica de un Imperio en crisis al que el actual «orden mundial», construido antaño a su medida, se le antoja estrecho corsé para sus aspiraciones de control económico, político y militar sobre el continente americano, Groenlandia y lo que sea menester, incluida la vieja Europa, propiciado por la fuerza, la que otorga la posesión de una tecnología de muerte y destrucción como nunca antes se había conocido. Antiguo Testamento y nuevos misiles, una combinación para el desastre. ¿Y qué hace Europa, cuna de la Ilustración y los llamados Derechos Humanos, ante las amenazas y caprichos del aprendiz de Calígula? Nada o peor, bailarle el agua para que no la maltrate mucho el que manifiesta que estamos lamiendo su culo, pagando sus arbitrarios aranceles y comprando su armamento para su OTAN. Como si fuera inevitable que el destino de la humanidad estuviera en manos de un iletrado narciso. Hacia la mitad del pasado siglo, la pusilanimidad y amilanamiento de los políticos europeos para con otro ególatra costó más de 50 millones de vidas.