A nadie se le escapa que Garaikoetxea y quien esto escribe hemos pertenecido a tradiciones políticas diferentes, incluso enfrentadas en algunos momentos. Afortunadamente, tan evidente como eso es que hemos ido convergiendo en los últimos años por diferentes razones, entre ellas, por todo lo que compartíamos también en los tiempos en los que la distancia era mayor. Tanto quienes tras la muerte de Franco apostaron por aprovechar las oportunidades que veían en la construcción de las autonomías como quienes reivindicamos rupturas estructurales con el Estado heredado del franquismo nos hemos acercado y reunido en torno a propuestas políticas soberanistas y transformadoras y de este modo se han construido plataformas políticas como EH Bildu. No ha sido necesario para ello que nadie se hiciera el harakiri ni renunciara a sus ideas ni a su trayectoria, pero sí han hecho falta esfuerzos y sacrificios que hoy toca recordar y poner en valor. Garaikoetxea tuvo esa valentía y contribuyó a construir entre diferentes, en unos tiempos en los que era mucho más fácil y cómodo −lo sigue siendo: siempre lo es− no arriesgar y dedicarse a fustigar a quienes sí lo hacen. Un pueblo se construye de muchas maneras y no se llega muy lejos sin respetar ni apreciar las que no coinciden con las propias. Carlos Garaikoetxea tuvo las suyas, tan discutibles como todas las demás, pero de lo que no hay dudas es de su perseverancia y compromiso con esta tierra, con nuestra lengua, con nuestra cultura, con nuestra soberanía y nuestras libertades y con la búsqueda de la paz. En eso y en tantas otras cosas nos hemos ido encontrando, han venido otras personas por caminos diferentes y se han sumado jóvenes con las tradiciones que han ido creando; por eso somos cada vez más y, en este camino, cada cual ha puesto lo mejor de sí mismo, algo que nos enriquece a todas y todos. Agur eta ohore, Carlos Garaikoetxea!