A pesar de que no debe de ser muy aficionado al fútbol, sigue al parecer a la Real Sociedad y posee una insignia de oro y brillantes que recibió hace años del Athletic por serigrafiar camisetas. Si aquel joven Josu Jon de los 90 se hubiera quedado como químico investigando en Nantes en lugar de regresar como político a Euskal Herria, esta pasada semana hubiera visto en abierto en una cadena francesa el partido de un equipo vasco contra un equipo catalán en las semifinales de un título español disputado en Arabia. Pero así de surrealista es la vida: un día estamos recordando las palabras del lehendakari Agirre sobre la lucha de la democracia contra el fascismo y años después nos retratamos cual pelota, lameculos, sumiso y hooligan ante uno de los dirigentes que mejor representa al neofascismo, al neocolonialismo expoliador y a la degradación humana, un enajenado dispuesto a tratar el mundo a patadas para ganar un partido sabiendo que el resto va a salir perdiendo. El expresidente del PNV ya ha elegido equipo, el del business, pero el más denigrante, ultrajante, bochornoso, execrable, bajo, vil, abyecto, ruin, explotador, espantoso y deprimente de los últimos tiempos. Valiente victoria la suya… pero que no la cante aún, que todavía nos queda la prórroga, la que nos conceden la dignidad humana y la Historia.