Pascal Raphaël Ambrogi, alto funcionario y autor de libros como el indispensable 'Diccionario cultural del cristianismo', el imprescindible 'Diccionario enciclopédico de María' o el fundamental 'Diccionario enciclopédico de Juana de Arco', estima que el francés está cerca de su fin, en grave peligro, entre otras razones porque una parte de sus hablantes entiende que su lengua es “inútil” en el panorama internacional y porque la americanización cultural, “vector dominante”, nos lleva “al desastre, a la destrucción de la lengua francesa” y al “globish”, o sea al puñetero inglés. La única solución visible es, y no hay más salida, el “compromiso ejemplar de las familias y de la escuela”, porque “no hablar francés supone colaborar en nuestra desaparición política y cultural”. Pocos días después, 'Le Figaro', diario de una neutralidad política incontestable, se cuestiona –atención, pregunta seria– si “El Estado es responsable del lingüicidio del euskera”, como si hubiera la posibilidad de una respuesta negativa, como si la reflexión de Pascal Raphaël Ambrogi no pudiera aplicarse precisamente a aquellas lenguas eliminadas del mapa lingüïstico por el idioma de Molière. Lamentablemente, mucho tenemos que correr todavía, porque Bilbo no es sino un punto de etapa de una carrera sin fin, pero con un fin extremadamente vital. Seguimos.