Adèle Exarchopoulos llegó al presente festival de cine de Cannes con la cara de su amiga estampada en una camiseta bajo el lema Léa Forever. Léa es la también actriz Léa Seydoux, y juntas protagonizaron la película que se llevó en 2013 la Palma de Oro. Mientras promocionaban "La vida de Adèle", que narra un romance lésbico adolescente entre ambas, Léa rompió a llorar en una rueda de prensa. El director, cuyo nombre me ahorro teclear, la llamó ingrata. «Si tuvo una experiencia tan mala, ¿por qué viene a Cannes, se prueba vestidos y joyas durante todo el día?». Él sí que es una joya. El horror que habían sufrido durante el extenuante y abusivo rodaje no tardó en hacerse público. Las dos, y también parte del equipo que se puso después del lado de ellas, contaron que no existía la posibilidad de dialogar sobre las órdenes que recibían del director, ni de decir que no a algo. Las tuvo seis horas seguidas fingiendo orgasmos, entre otras aberraciones. La escena sexual, que dura diez minutos sin cortes, debió ser un suplicio. Ellas cuentan que acabaron con heridas por frotar tantísimo rato las vulvas sintéticas que se utilizan en el cine, donde todo es fantasía, y a veces horror. Claro, por eso estos señoros, y unas cuantas actrices veteranas que ya han pasado por todo, se niegan a que haya coordinadoras de intimidad en el set, un logro feminista. Eso sí, de la experiencia, Adèle y Léa no solo sacaron la mala leche necesaria y el no en la garganta, también una amistad inquebrantable. Yo pasé de ver "La vida de Adèle", aunque si me animo a organizar mi soñado ciclo de cine lésbico hecho por señoros, caerá. Creo que empezaría con "Room in Roma". Las dos protas se erotizan contándose dramones nivel extremo, y luego hacen una cosa que el director debió creer quedaba muy bien en cámara. Mis amigas y yo lo comprobamos entre risas, es que los chichis ni se rozan. Como dijo le autore del cómic en que se basa "La vida de Adèle", Jul Maroh, faltaba algo en el set de rodaje: lesbianas.