El trabajador social le recrimina a Noa que no podrá recuperar a sus hijos mientras no mantenga una casa. Demasiado no en una frase tan crucial. Noa es gitana y trans, y ha estado varias veces presa. La última, en la que le quitaron a los críos, por intento de homicidio a un pederasta declarado. Tener una casa en estos tiempos, como si fuera fácil. Noa está pendiente de un desahucio que al final culminan los Mossos, a pesar del apoyo activista y de las amigas. Años después, siguen sin dormir bajo el mismo techo. Nos lo contó Noa en la presentación del precioso documental que protagoniza, ‘Corren las liebres’, junto a la directora Lorena Ros y su prima y amiguísima mía, Marikarmen Free. Estuvieron en la nada menos que en la 40.ª edición de la Muestra de Cine y Mujeres de IPES. Una ni se puede imaginar sin el alimento feminista que ha recibido durante décadas en esa concurrida sala: estaría apagada y desnutrida. Lara Molina, híbrida de IPES y Plazeratu, les comenta que ‘Corren las liebres’ ha resucitado el cine kinki, y Noa proclama: «Yo soy prima de El Vaquilla». La creemos. En la película y en la vida, Noa, Marikarmen y otras hermanas se cuidan y se quieren, celebran cumpleaños y salidas de prisión, cantan y dan palmas al desaliento. Noa va y viene del centro de menores y celebra que uno de sus hijos la liara con las familias de acogida, porque si no se los habrían quitado definitivamente. ¿No podrían haberle dado un pisito provisional a esta madre para que pudiera convivir con sus hijos? ¿No se lo merecen después de tanto? ¿Cómo pretenden que una mujer trans, gitana y expresa cerca de los 50 consiga una casa en este jodido mundo si gente con trabajo indefinido y sin ninguna de esas desventajas estructurales no tiene donde vivir? El infame Amancio Ortega ya es el mayor inversor inmobiliario del planeta. Solo por eso, merece ser sepultado con su heredera en las toneladas tóxicas de la ropa desechada que produce irresponsablemente, y que asfixian el desierto de Atacama.