Timbrazo arriba. Solo puede ser una vecina, pienso. Al abrir, dos cacatúas. Yo: ¿sois cristianas? Cantaban a evangelistas, como poco. Ellas: sí. Yo: pues soy satánica y lesbiana. Amable portazo, teniendo en cuenta que ellas pretenden llevarme al infierno, que son las destructoras terapias de conversión. Podría haber dicho pansexual, pero jode más lesbiana. O puta. La próxima vez diré «satánica, puta y lesbiana». Es lo único bueno de saber que habrá próxima vez, que puedes prepararte la respuesta perfecta. En el buzón, me encuentro un rectángulo mal cortado con sus patrañas de siempre impresas. Lo que se dice en un tal levítico de que el varón no debe yacer con otro varón como yace con su mujer. Las lesbianas, desde entonces, espectrales. Pero esta vez, detecto una novedad. «El arcoíris. Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra. Génisis 9:13». Tachán, tengo que contárselo a mi amado maricón Iván Santo. Suele decirme: mira si somos listas las queers que nos hemos quedado con la imagen del arcoíris. ¡Algo más excepcional, más híbrido, más bellísimo, más mágico y a la vez inevitable que un arcoíris! Estoy leyendo una joya, publicada por primera vez en 1978. “Brujería y contracultura gay”, de un abogado maricón llamado Arthur Evans. Narra cómo la civilización occidental que ha conquistado el mundo, se cimentó aplastando toda herejía primero en sus territorios. Europa obsesionada contra sus gays, lesbianas, transexuales y orgías. Todas juntas y revueltas, y siguen diciendo que queer viene de la academia, ¡ja! El Vaticano nos mantuvo durante siglos a las vascas bajo sospecha: aparentábamos haber sido cristianizadas, pero en el fondo, sabían que no. Me apunto a María Galindo cuando habla de bastardismo, no de sincretismo. Bastardas latentes. Arthur Evans dijo entonces: «el nuevo socialismo no es solo político, también es mágico y sexual». Miro a Erika Hilton, la diputada más votada en la historia de Brasil, puta trans y negra, y sé que nunca pudieron acabar con nosotras. Y Herri Batasuna ya travistió la ikurriña de arcoíris hace 35 años.