En mi frutería favorita del barrio, cuelga este mandato: «no tocar el género». Claro, una feminista obsesiva y furibunda como yo entra a por borrajas de par de mañana y sale ya soliviantada. Al menos la frutería es territorio conocido. Acompañé a un amigo una vez a por no sé qué pieza de su coche a un desguace. ¡Un desguace!, ahí mis pulsiones analíticas en torno al género se desataron. Casi solo entran tíos a comprar, uf, por fin, una camionera. De oficio y de aspecto. Hay alguna mujer atendiendo, no, espera, que se mete en la oficina. La cabeza rucurucu…Hay una expresión para explicar lo que supone en tu vida descubrir que las cosas no son como te las han contado respecto a los hombres y las mujeres: ponerte las gafas moradas del feminismo. Y es cierto, empiezan a encajarte todas las piezas del mundo al saber que nosotras cobramos menos, cuidamos mucho más, somos cercadas y cazadas por machos, nos cuesta horrores y a veces la vida dejar de ser maltratadas, no acabamos de habitar nuestro cuerpo con dicha, somos dominadas al parir… Descubrir que no solo hay una explicación a todo este dolor colectivo, sino que también hay una revolución en marcha, es un subidón inigualable. Claro que esas lentes moradas, también pueden llevarte a no ver otras injusticias. Esa sensación de que se te incrustan opacando otras realidades la tendremos sobre todo las feministas blancas occidentales, desde todos nuestros privilegios. Hay que manosear el género con otras opresiones para que siga ayudándonos a identificar el problema. El género solo no basta, el género solo recoloniza.Habla Dahlia de la Cerda, activista y escritora mexicana. «Pensar que la única opresión, o la más importante, es la discriminación por tener panocha entre las piernas, es de mujeres blancas, de clase media o alta. Las demás no solo enfrentamos sexismo. Cuando te topas con un feminismo abolicionista, racista, islamofóbico, transfóbico, que solo entiende la opresión a través del sexo-género, a veces sí hay que decir: ya fue. No porque no nos violenten, sino porque ese feminismo ya no alcanza».