La Furia
La Furia

No me hagáis hablar

No voy a hablar de Julio Iglesias, Ana Obregón tampoco debería. No voy a hablar de violadores de derechas ni de izquierdas. No voy a hablar de Palestina, ni de Trump, ni del Sahara. No hablaré de abuso sexual infantil, nadie hablará de ello. No voy a hablar de la escuela pública vasca y, por supuesto, no diré ni una palabra de las ikastolas. No hablaré de coherencia ni de justicia social. Ni de la izquierda ni de sus comillas. No hablaré de centro ni de extrarradio. No voy a hablar de contracultura ni de folclore. No se habla de tótems ni de hegemonías. No voy a hablar del rock radical vasco ni del pop sold out vasco ni del futuro. No hablaré de radios públicas ni de chiringuitos. No voy a hablar de terfas ni de lesbianas bífobas y, por supuesto, de cisheteronorma ni una palabra. No voy a hablar de pijas ni de munipas. Tampoco hablaremos de cuerpos, cánones, anorexia, no diré ni una palabra de feminidad, masculinidad ni de tijeras. No hablaremos de España. Ni de los españoles. No hablaré de estrellas de la tele ni de lo que significa follar normal, ni para quién. No hablaremos de madres. Que nadie hable nunca de las madres para decir la verdad. No voy a hablar del mosquetón de Loli Bahia y de su mano agarrada por Paris a la de una chica. No hablaré de oportunistas ni de promo. No voy a hablar de modernas ideológicas, ni de lo que las odio. Ni de aliados traidores. No hablaré de violencia ni del sistema judicial. Ni de cárceles. De ninguna. No hablaré de democracia. No voy a hablar de lo sucia que tenéis la boca para hablar de «los cuidados», no diré ni una palabra sobre vuestros culos limpios y vuestros privilegios, ni siquiera hablaré hoy de los míos. No voy a hablar de alcohol ni de azúcar ni de mi psicóloga ni de brujería ni de enfermedad. No se habla de la tristeza.

No voy a hablar de la música ni de las letras porque eso es hablar de poesía y, por supuesto, bajo ningún concepto se hablará hoy de poesía. Porque la poesía como la música, como el amor, se hace.

Y aquí hablar sí, pero hacer os gusta cada vez menos.

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