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Hacia un gobierno de unidad en Israel sin Netanyahu

Los resultados de las segundas elecciones a primer ministro en Israel después de las del pasado mes de abril han arrojado un resultado similar, escaño arriba o abajo, lo que impide al Likud de Benjamin Netanyahu conformar un gobierno con los partidos ultraortodoxos y confiere a los ultrasionistas pero laicos de Israel Beitenu (Hogar Judío), del representante de los askhenazíes (judíos llegados en plena descomposición de la URSS), Avigdor Liebeman, la llave para formar gobierno.

Tanto Likud como la coalición «centrista» Azul y Blanco (Kahol Lavan), del militar Beny Gantz, aparecen empatados, punto arriba abajo y escaño de más o de menos, pero el gran vencedor, junto con la lista palestina, que con 12 escaños se configura como la tercera fuerza en el Parlamento, es precisamente Lieberman, que de 5 pasa a 9 diputados y que, lo que es más importante, ha logrado dejar fuera del Parlamento a la formación aún más ultra de Poder Judío (Otzma Yehudit), cuya presencia en el Knesset podría haber precisamente posibilitado la reelección como primer ministro del «rey Bibi».

Lieberman no soporta a Netanyahu desde la anterior ruptura del gobierno. Entonces su principal discrepancia fueron las concesiones del primer ministro a los ultraortodoxos de Shas y Judaísmo Unido de la Torah en materia de exención del servicio militar obligatorio y otras prerrogativas.

El líder de Hogar Judío, que busca a toda costa evitar condicionamiento alguno por parte de la Lista Unida arabo-palestina, apuesta abiertamente por un gobierno de unidad nacional y «liberal»  junto con Azul y Blanco y el Likud.

El futuro de Netanyahu, en el aire

Ahí es donde el futuro del que ha sido primer ministro israelí en los últimos diez años pende de un hilo. Netanyahu volvió a convocar elecciones en setiembre ante la negativa de Liebeman a sostener su gobierno de coalición junto »con los que aspiran a crear un Estado religioso».

Tanto Lieberman como Gantz, quien tampoco tiene opción alguna para formar una coalición con los restos laboristas y de centro e incluso con una minoría árabe que a lo más que llegaría es a un apoyo parlamentario externo a un gobierno en minoría, no quieren ni oir hablar de Netanyahu, no ya como primer ministro sino incluso como miembro del Gabinete.

Pese a que, de momento, el Likud cierra filas con Bibi –excusatio non petita–, está claro que estamos ante un cadáver político (dicho esto con todas las reservas debidas a un animal político y un auténtico superviviente).

Su objetivo pasa ahora por lograr la inmunidad ante la cascada de denuncias por corrupción que penden sobre él y que, por de pronto, le llevarán a comparecer ante los tribunales el próximo 3 de octubre. Netanyahu y el Likud, por los servicios prestados, podrían poner su impunidad como condición para un gobierno de unidad nacional

 

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