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Mediadores para ahondar en la vieja crisis existencial de la OTAN

Que sea el anfitrión y primer ministro británico, Boris Johnson, ariete del Brexit, quien evoque el lema de los tres mosqueteros reivindicando el 'todos para uno, uno para todos' en la OTAN evidencia, más allá de la enésima astracanada del exalcalde londinense y su rubia pelambrera, el alcance de la crisis de una alianza militar que nació oficialmente para proteger a Europa Occidental de la URSS y que, desaparecida esta hace casi treinta años, parece haber reencontrado su antigua razón de ser en la anulación de esa misma Europa como actor geopolítico y en su subordinación no ya solo al Gran Hermano americano sino, novedad, a las lógicas neotomanas de la Turquía de Erdogan en Oriente Medio, e incluso al seguidismo proatlantista de los gobiernos neoconservadores del este del Viejo Continente.

El problema es que cuando Johnson se propone como mediador en la jaula de grillos en la que se ha convertido la OTAN lo que realmente busca es mantener a la UE, la misma que Gran Bretaña abandonará si los sondeos aciertan y los tories logran mayoría absoluta en las elecciones anticipadas del 12 de diciembre, bajo la órbita de los intereses geoestratégicos, y de las necesidades de colocar en el mercado su armamento, de EEUU.

En este sentido, resulta revelador que la cumbre en la que la alianza militar celebraba sus 70 años se haya limitado a anunciar la creación de una comisión en respuesta al diagnóstico del presidente francés, Emmanuel Macron, sobre el estado de 'muerte cerebral' de la OTAN. Comisión y al cajón donde todo proyecto duerme el sueño de los justos.

Y eso que la propuesta francesa de refundar la alianza no deja de ser una reedición del viejo proyecto neogaullista y responde a un intento, interesado, de Macron de asumir el liderazgo militar y político en la UE en previsión de la retirada británica y en plena y larga -quizás no tanto- despedida de la canciller alemana, Angela Merkel.

La OTAN ha cumplido 70 años y lleva ya 30 sin haber sabido gestionar su victoria sobre el extinto Pacto de Varsovia, buscando enemigos aquí y allá para justificar su persistencia. Al final, va a resultar que la propia OTAN se ha convertido en su propio y principal enemigo. Sería un consuelo, tardío pero consuelo, si eso conllevara a su disolución ordenada.

Mucho me temo, sin embargo, que lejos de ello la crisis que vive la alianza va a alimentar los peores instintos de sus miembros. Y que va a terminar condenando a Europa Occidental a su definitivo ostracismo en la arena internacional. 

 

 

 

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