Texto y fotos: Lucas Vallecillos
Aguastortes
Lucas Vallecillos
Panorámica de Aguastortes.

Treking por el corazón del Pirineo catalán

En el corazón del Pirineo catalán, se extiende el Parque de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, con los picos más elevados de Catalunya. Entre las numerosas opciones para adentrarse en este majestuoso paraje, nosotros hemos optado por dos: las que parten de Boí y del Valle de Aran.

En la comarca leridana del Pallars Sobirà, entre los municipios de Alto Aneu, Alto Arán, Barruera y Espot, se extiende el segundo parque más grande del Estado después de Doñana: el Parque de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici. Un impresionante lugar que acoge algunas de los cimas catalanas más altas repartidas entre dos sistemas montañosos casi paralelos que se extienden de Este a Oeste configurando las cuencas de los ríos Sant Nicolau –en la zona Oeste, donde se encuentra Aigüestortes– y el río Escrita –al Este, donde se halla el Estany de Sant Maurici–. Ambas cadenas montañosas están cruzadas de norte a sur por otra, la Sierra de Crabes, que dibuja una línea divisoria entre las dos zonas que dan nombre al Parque.

Para acceder al Parque hay varios puntos de partida: Aigüestortes, al Oeste, mediante Valle de Boí; Estany de Sant Maurici, al Este, por Espot; y uno muy interesante, por su belleza, al Norte, por el Valle de Aran. Nosotros abordaremos el parque por dos entradas diferentes: una que saldrá desde Boí y otra que se iniciará en el Valle de Aran. Ambas coincidirán en el refugio de Amitges, para continuar cruzando el parque de Occidente a Oriente. Las dos rutas discurren por los puntos más emblemáticos de Aigüestortes, con dos noches dentro del Parque Nacional.

Desde el Valle de Boí

En la ruta que parte de Valle de Boí un día dormiremos junto al Estany Llong y otro, después de salvar el Portarró de Espòt, bajo las imponentes Agujas de Amitges. Y en la ruta que parte del Valle de Arán, la primera noche transcurre en el refugio de Colomers y, tras salvar el Puerto de Ratera, la segunda se realiza en Amitges, en el mismo refugio de la segunda noche de la ruta de Valle de Boí.

La opción más clásica es la ruta que penetra al parque por Aiguestortes por el Valle de Boí. Aunque el objetivo sea única y exclusivamente un trekking por el parque, en el plan conviene reservar también un hueco para visitar el valle, cuyos pueblos albergan un conjunto de iglesias consideradas el mayor exponente del románico catalán. Templos que ahora consideramos pequeños pero que en una época eran grandes y ostentosos con clara intención de mostrar el poder de los nobles del lugar.

Hay que recordar que los barones de Erill tenían un papel activo en la reconquista cristiana que Alfonso I agradecía aportando caudales que hicieron prosperar de forma notable a las poblaciones del valle. Prosperidad que engendró, durante los siglos XI y XII, un conjunto de nueve edificios religiosos muy peculiares. Tienen influencias lombardas y excelentes pinturas, que en la actualidad forman parte de la exclusiva lista de lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Una manera muy interesante de explorar estos pueblecitos y sus iglesias es recorrerlos en bicicleta eléctrica; se pueden alquilar en Bicius, ubicada en Barruera.

Por una pista forestal que nace en las cercanías del pueblo de Boí entramos en el Parque hasta llegar a una planicie donde se abre con contundencia el valle de Sant Nicolau, surcado por el río del mismo nombre. En este lugar hay que apearse del taxi (único medio autorizado para acceder por la pista que se introduce en el interior del parque) y empezar a caminar. Un agradable sendero conduce hacia una de las maravillas que complementa el topónimo del Parque, Aigüestortes (aguas torcidas o meandros). El emplazamiento es de una plástica impresionante; muestra una belleza serena donde el agua circula por infinidad de regatillos y estanques que forman un intrincado laberinto de aguas trasparentes.

Montaña arriba, la vereda sigue por el valle de Sant Nicolau hasta llegar al Estany Llong, un remanso de paz coronado por el impresionante paisaje que dibujan las cumbres de las montañas colindantes. En este impresionante marco dormimos la primera noche, concretamente en el refugio de Estany Llong, para iniciar temprano una larga jornada hacia Amitges. Estamos a 1.985 metros de altura, rodeados de un denso bosque de abetos.

Al borde de Estany Llong

Nuestro camino continúa al borde de Estany Llong y serpentea después por la dura pendiente del valle que se dirige al Portarró de Espot, un paso de montaña que hace de divisoria de aguas entre las cuencas del Noguera Pallaresa y del Noguera Ribagorzana. Podemos contemplar, al norte, el circo de Bergús y, al sur, el complejo de circos Garatos y Cometes. Y llega el momento de reponer fuerzas tras el esfuerzo el ascenso.

Descendemos por el valle del Escrita por una vereda que conduce al Estany de la Bass e iniciamos después una ascensión hasta llegar, tras 6 horas de travesía, a los Estanys de Amitges, flanqueados por dos impresionantes agujas con el mismo nombre. Frente a ellos, se ubica uno de los mejores refugios del Pirineo, un oasis para el excursionista que llega exhausto. Desde su terraza ofrece unas vistas magníficas de los Encantats y la Cresta de Crabes. Es el lugar ideal para pasar la segunda y última noche dentro del Parque.

La otra ruta, muy recomendable por la majestuosidad del paisaje por el que discurre, parte del Valle de Arán, otro enclave que no puede pasar por alto el viajero. Aislado durante siglos por un poderoso modelado, este valle ha sabido conservar casi intacta la pureza de los mejores paisajes pirenaicos, una lengua propia y unas instituciones políticas ancestrales. Adentrarse en el Valle de Arán es saborear la esencia de la alta montaña y disfrutar de un interesante legado histórico. Son de visita obligada el Pla de Beret, el Santuario de Montgarri, la cascada de Saut deth Pish, Salardú i Vielha, la capital del valle.

Hacia el Circo de Colomers

Esta segunda opción conduce al parque por el fabuloso Circo de Colomers, conformado por un gran número de lagos. Se puede iniciar la ruta en coche desde Salardú. Hay que seguir las indicaciones “Colomers” hasta el Hotel Banhs de Tredòs, donde se debe aparcar el coche y tomar un taxi, por ser  los únicos vehículos autorizados para continuar por la pista. Una vez en la parada de Circ de Colomers, arranca la jornada a pie. Hay que avanzar por el Camino del Refugio de Colomers, a donde llegaremos tras una corta pero dura caminata por un sendero angost. Llegaremos al Lago Major de Colomers, donde pasaremos la primera noche. Sobre sus mansas aguas siempre se repite el mismo espectáculo, una imagen fascinante y casi mágica del reflejo del cielo, las nubes y los montes que nunca cansa, especialmente a los aficionados a la fotografía.

Al día siguiente nos espera uno de los grandes espectáculos que brinda el Pirineo, una maravilla natural, el Circ de Colomers. La GR 11 en dirección a Port de Ratera se convierte em un camino idílico que transita suavemente por un paraje de una belleza exquisita. Por el camino sale al paso el alargado Lago Long, por cuya orilla avanzamos mientras disfrutamos de la placidez que ofrecen sus aguas, hasta alcanzar el Lago Redon. Desde aquí, la senda conduce hasta el Lago de Obago, igualmente  impresionante, donde es recomendable hacer un descanso y reponer fuerzas porque está cerca el tramo más duro de la ruta: la subida a Port de Ratera. Desde la cima del puerto la senda transita por Cometes de Ratera durante un largo descenso hasta el refugio de Amitges, a donde llegaremos tras más de seis horas de travesía. Allá pernoctaremos la segunda noche.

Punto de encuentro

Concretamente en este punto es donde coinciden ambas rutas, la que procede de Salardú y la que se inicia en Boí. El itinerario común continúa camino abajo, atraviesa la linde del apacible Estany de Ratera y desemboca, finalmente, a los pies del Estany de Sant Maurici. Se trata de una impresionante masa de agua enmarcada por Els Encantats, dos picos casi gemelos que se alzan hasta los 2.750 metros.

Cuenta la leyenda que son dos cazadores petrificados castigados por la maldición de un cura por haberse desentendido del acto religioso que oficiaba durante una romería. Cuentan que los dos cazadores, poco piadosos, se lanzaron a por un rebeco y que, tras un relámpago y un gran estruendo que envolvió todo en humo, aparecieron repentinamente dos cumbres encaradas entre sí que hasta ese momento no existían. Haciendo honor a su leyenda, Els Encantats siguen firmes y erguidos, cara a cara.

Quien avance por el valle del Escrita siguiendo una senda de ribera dejará atrás el Parque y arribará a Espot, una población ideal para comentar la aventura y reponer fuerzas gracias a la exquisita cocina local.

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