Concierto de Beat en el BBK Legends.
Concierto de Beat en el BBK Legends. (Mikel MARTÍNEZ DE TRESPUENTES | FOKU)
Sergio Iglesias
Periodista, especializado en información cultural / Kazetaria, kulturan espezializatua

Cuando el exceso de virtuosismo puede llegar a empachar

La edición 2026 del BBK Legends se cerró con el virtuosismo y la calidad de dos bandas de extraordinario nivel, como los suecos Graveyard y el supergrupo Beat, que en algunos momentos rozaron el empacho queriendo demostrar en demasía, cuando no había necesidad de hacerlo, lo buenos músicos que son.

Segunda jornada de la presente edición del BBK Legends, marcada por la ya conocida baja de última hora de Tom Morello, probablemente el cabeza de cartel más esperado de este año. Una ausencia que se vio suplida por el virtuosismo y la calidad de dos bandas de extraordinario nivel, como los suecos Graveyard y el supergrupo Beat que, sin embargo, rozaron el empacho en momentos en los que quisieron demostrar en demasía, y cuando no había necesidad de hacerlo, porque es algo evidente, lo buenos músicos que son.

Más allá del varapalo que suponía la ausencia del que fuera miembro de Rage Against The Machine, Audioslave, o Prophets of Rage, entre otros muchos proyectos, tocaba levantar la cabeza y lamerse las heridas, aceptando que el cartel se había quedado cojo, pero sin olvidar que todavía podíamos disfrutar de una sesión doble realmente atractiva.

En primer lugar, habría que empezar destacando la presencia en el escenario de la banda sueca Graveyard. Al igual que Chris Isaak, que el día anterior cumplía 70 años, y el propio festival, que este año cumple una década de vida, los suecos también están de celebración, en este caso de los 20 años desde su formación, por lo que salieron con la intención de repasar estas dos décadas de carrera, con un repertorio en el que recordaron, prácticamente, todos los discos que han editado hasta el momento, poniendo el énfasis, eso sí, en su trabajo más exitoso: “Hisingen Blues”.

Exceso de virtuosismo

Los de Gotenburgo arrancaron como una apisonadora con “Please Don´t”, magistral lección de hard rock clásico, que tal vez se vio algo lastrada por un sonido que fue mejorando a lo largo de la hora que duró el concierto. 

Un show que tuvo altibajos, destacando los momentos más trepidantes en los que la banda se dedicó a repartir cera sin concesiones, como en “From a hole in the Wall”, enérgico trash cantado por el bajista, en “Goliath”, o en “Ain´t fit to live here”, donde evidencian su amor incondicional hacia unos Led Zeppelin que, sin duda, han sido una gran influencia para ellos.

También estuvieron correctos en la cruda “Cold love” o en la rabiosa “Hisingen Blues”, seguramente uno de los mejores momentos del show. Sin embargo, bajaron la intensidad en medios tiempos como “Uncomfortably Numb” o “Twice”, y pecaron de excesivo virtuosismo cuando alargaron en demasía ciertas partes de algunos temas que, seguramente, no necesitaban tanto artificio ni tanta psicodelia para brillar, como por ejemplo, “Walk on”. 

Sin embargo, en absoluto podríamos decir que fue un mal concierto, sino que, tal vez, en ese momento, y sabiendo lo que venía después, el cupo de los sonidos progresivos ya los íbamos a cubrir con creces con Beat, y lo que requeríamos de los suecos era un concierto de los de no parar de gritar y saltar ni un segundo, algo que no debería estar reñido con demostrar lo buenos músicos que son… que es innegable que lo son. Pero bueno, cada uno elige cómo quiere encarar sus repertorios, y hoy ha tocado esto. De cualquier forma, que quede claro que siempre es una alegría reencontrarnos con Graveyard.

Y como colofón para la edición más breve del BBK Legends en sus diez años de vida, el jueves se anunció que, ante la baja de Tom Morello, los otros cabezas de cartel del sábado, Beat, ofrecerían un repertorio más extenso que el que tenían programado en un principio. Así que, con esta noticia de última hora, nos disponíamos a disfrutar del show de este super grupo compuesto por cuatro de los músicos más influyentes del rock progresivo y el metal: Adrian Belew y Tony Levin, legendarios miembros de King Crimson, junto al virtuoso guitarrista Steve Vai y el batería Danny Carey, de Tool. Una banda única formada para reivindicar, celebrar y reinterpretar una época gloriosa de King Crimson, concretamente los años que van de 1981 a 1984, cuando publicaron joyas como “Discipline”, “Beat” y “Three of a Perfect Pair”. 

Brillantez rockera, dadaísmo y ‘spoken’

No voy a negar que, personalmente, me enfrentaba a este bolo con ciertas reservas porque, a decir verdad, nunca he sido muy amigo del rock progresivo y la psicodelia excesiva, más aún si hablamos de los años 80, en los que se perpetraron producciones catastróficas dentro del género.

Sin embargo, y tras más de dos horas de concierto, tengo que reconocer que no ha sido tan terrible como yo me esperaba, y que incluso ha habido momentos en los que he podido disfrutar del virtuosismo y la calidad de unos músicos increíbles, como son los dos miembros de King Crimson, que han sabido dar al repertorio de la banda un nuevo enfoque, empujados por la calidad innata de Vai y la pegada descomunal del que fuera batería de Tool. 

Y centrándonos en el concierto, es de justicia destacar el estado de forma de un Adrian Belew que, a sus 76 años, demostró encontrarse en un momento excelente, lo que le convirtió en el protagonista absoluto de un show en el que, sin embargo, todos brillaron en diferentes momentos, evidenciando la gran compenetración existente entre los cuatro miembros de esta banda irrepetible.

En cuanto al set-list fue un calco, canción por canción, del disco en directo grabado en Los Angeles y publicado el pasado año, y en el que la banda intercala momentos de gran brillantez rockera, como la muy ochentera “Heartbeat”, “Waiting man” o “Thela Hun Ginjeet”, con el surrealismo absoluto cercano al dadaísmo de “Neal and Jack and me” o “Dig me”, y composiciones como “Neurotica” o “Indiscipline”, que se acercan al ‘spoken’, tan en boga en la actualidad, señalando el carácter pionero que, en su momento, tuvieron King Crimson. También se pusieron funkys en “Elephant talk” y se acercaron al pop más clásico en “Model man”.

Un concierto mágico 

Al igual que sucedió con el concierto de Graveyard, pero todavía de una manera más evidente, Beat también se perdieron –siempre en mi opinión– en un exceso de desarrollo, especialmente en las piezas instrumentales, destacando en este aspecto el cuarto de hora aproximado que estuvieron con “The sheltering sky”, donde todos y cada uno de los miembros de la banda encontraron su momento de lucimiento, para mostrar lo buenos músicos que son. 

Algo tan evidente que, a lo mejor, no es necesario demostrarlo tanto… o durante tantos minutos, pero que, sin embargo, fue lo que hizo del concierto algo absolutamente mágico para los y las fans más fervientes de King Crimson, que disfrutaron muchísimo de un show en el que también es importante recalcar el extraordinario trabajo de las personas encargadas del sonido, que hicieron que todas las piezas –y eran muchas, en esta ocasión– encajaran a la perfección en todo momento. 

En fin, que reconociendo mi ignorancia en un género como el rock progresivo, del que, sin lugar a dudas, King Crimson son referentes históricos, he de admitir que, salvo en los momentos más extremos, Beat dieron un concierto para todos y todas a las que nos gusta disfrutar de la música y de musicazos como los que hoy hemos tenido delante. Historia viva del rock.

Un fin de fiesta diferente a lo que teníamos pensado antes de empezar esta edición del Legends, pero que nos deja un buen sabor de boca y, sobre todo, muchas ganas de que llegue la próxima edición para seguir disfrutando de las leyendas cerquita de casa. ¡Hasta el año que viene!