«Deberíamos tener una formación reglada sobre la violencia de género»
Sonsoles Merino es matrona; mira desde su experiencia de años a las madres que han vivido la violencia de género y a sus necesidades. La formación de los profesionales y el acompañamiento a estos son, a su juicio, una de las dos prioridades actuales.

El título del curso que ha dado es ‘Violencias y Maternaje: Impacto del trauma en el ejercicio de la maternidad’. ¿Piensa que todavía carecemos de tratar la maternidad desde esa visión?
Totalmente, es que yo creo que cuando pensamos en maternajes, pensamos en algo idílico. Pero en este proceso se reactivan muchas cosas; podemos estar hablando con una persona y no sabemos la historia que tiene detrás. El trauma existe y ha existido siempre; lo que pasa es que antes quizás estaba menos sostenido y ahora, yo creo, se habla más del trauma, buscamos más ayuda psicológica y también hay profesionales que están más atentos. Se detecta un poco más y se trata más. Entonces, sí, creo que es un tema que sigue vigente y seguirá. Yo creo que es muy difícil que el trauma no exista; solo por existir hay momentos que se viven de manera traumática.
A veces no es si hay algo traumático, sino cómo lo percibe la persona que ha vivido el trauma: hay personas que en una misma situación, por ejemplo, una cesárea urgente, la viven como un trauma y otras no. Entonces hay que estudiar las bases de por qué una persona lo siente así y otras no.
Pero para estudiar, habrá que detectar y registrar.
A mí no me ha tocado registrar ningún caso de violencia. Quizás en mi formación en Catalunya sí que registré; ellos lo tienen más automatizado: registras y se ponen ya en contacto con los servicios sociales y con el personal que tiene que atender estos casos.
Aquí es muy difícil y no sabes muy bien cómo escribirlo en el historial. No sabemos cómo preguntar sobre la violencia y la mujer; en el postparto, por ejemplo, está en un momento tan vulnerable que tienes que elegir muy bien las preguntas.
Al principio de su intervención mencionó que la violencia de género también es un problema de salud pública. ¿Pero hay suficiente formación y suficientes recursos?
Tenemos muchos recursos, tenemos guías; en Euskal Herria, por ejemplo, no hay una guía específica, se está elaborando, que es lo que necesitábamos porque eso sí que va a dar unidad a lo que hacen los profesionales. También hay recursos a nivel de asistencia cuando ya se detecta.
Lo que pasa es que muchas veces falta formación; los profesionales no estamos formados. Por dar un ejemplo, en reanimación neonatal, tienes que hacer un curso para trabajar, pero no tienes una formación sobre violencias. Entonces la propia persona decide si quiere especializarse un poco en este ámbito según sus vivencias, según donde trabaje, según las experiencias que ha tenido…
Tener una formación reglada sí me parece importante, desde la universidad, desde las especialidades de medicina, de enfermería, de psicología…
¿Cómo influye haber sido víctima de violencia en el proceso de maternaje?
Una persona que ha sido víctima de violencia en el embarazo, incluso pregestacional o más allá –porque hablábamos de los abusos sexuales en la infancia, eso inminentemente te deja una huella– su maternidad va a ser así porque seguramente ha pasado por esas experiencias y no otras; se queda muy grabado, pero es verdad que a nivel individual puede haber también una reparación, que eso es lo importante.
Al final, cuando detectamos, podemos reparar; puede haber maternidades y maternajes en los que esa violencia esté ahí, porque creo que eso no lo puedes olvidar, pero puede ser reparada.
Reparación también para las siguientes generaciones; cómo maternas a tus hijos es importante, ellos van a ser los adultos de la futura sociedad, con lo cual cómo hagas tú ese acompañamiento de tus hijos y cómo te sostengan a ti va a definir mucho cómo van a ser esos niños en el futuro. Deberíamos tener en cuenta que, cuando hablamos de la violencia en el embarazo, estamos hablando de dos personas: la madre y el niño.
«Cuando detectamos, podemos reparar; puede haber maternidades y maternajes en los que esa violencia esté ahí, porque creo que eso no lo puedes olvidar, pero puede ser reparada»
Ha hablado del cribado, ¿es muy importante para la detección?
Las guías dicen que ante toda mujer a partir de los 14 años, deberíamos tener en cuenta que en el médico de cabecera o en la primera consulta del embarazo, al abrir el historial, tiene que haber por lo menos una pregunta de cribado. Buscar el momento oportuno es importante, pero debería haber un cribado, una búsqueda activa de casos y, sobre todo, tener en cuenta esas situaciones de vulnerabilidad.
Si esas mujeres son migrantes o con discapacidad o tienen alguna enfermedad crónica, o sea, si tienen de por sí algún aumento de vulnerabilidad, entonces habría que hacer esa búsqueda activa de casos. La clave está en la búsqueda activa de casos. Las mujeres quizás están deseando que les preguntemos; igual no te lo van a decir en la primera consulta, pero sí cuando tú has introducido el tema o has introducido los recursos que pueden tener. Quizás se van a sus casas y ya empiezan a darle vueltas a la situación que están viviendo… y que quizás pueden dar otra vida a sus hijos diferente a la que están viviendo, e igual empieza ahí también a gestarse un cambio. Creo que es importante hacer ese cribado.
Otra vez, la necesidad de la formación.
Para empezar, es muy difícil preguntar; si preguntas y cuando te contestan que sí, sufren violencia de género, es muy difícil acompañar. Por eso creo que, al igual que preguntamos sobre peso, talla…, creo que eso también lo deberíamos hacer y creo que en el futuro lo vamos a hacer.
«Creo que la red de psicología también debería estar destinada a los profesionales que acompañan a estas mujeres»
Para eso se necesita tiempo.
La gestión es muy difícil. La primera visita de embarazo en el centro de salud son 40 minutos y en algunos centros menos; depende de la población que tengas a tu cargo. En esas visitas pedimos pruebas analíticas, se hace un análisis profundo de los datos, se pesa, se la mide, se inician todos los protocolos de alteraciones cromosómicas, se hace toda la petición de ecografías, analíticas… Gestionas muchísimas cosas con esa mujer. Entonces, buscar ese espacio para esas preguntas es difícil.
Las clases de preparación son un buen momento si tienes alguna sospecha, pero también hay mujeres que no van a la preparación al parto precisamente por esto. Ahí tendríamos 6 semanas de esa preparación, en la que sería un momento ideal para generar esa tribu y hablar de diferentes temas, también de la violencia de género y de los recursos que hay.
Tampoco se habla mucho de la labor de las matronas, ¿no?
Creo que las matronas no tenemos ningún espacio a no ser entre nosotras. Es verdad que creo que somos las únicas que nos comprendemos porque muchas veces vas a casa y no entienden. Cuando tú has acompañado un parto en el que un bebé ha sido ingresado, o una madre ha sido llevada a reanimación. Intentas no llevarte a casa, pero es inevitable. Entonces, creo que es muy importante el sostén del profesional. Creo que la red de psicología también debería estar destinada a los profesionales que acompañan a estas mujeres.
Porque a la vez las matronas tenemos una ventana de oportunidad para detectar todo esto. En Osakidetza se está elaborando una guía específica; yo creo que saldrá este año. Eso para mí es un punto muy importante, tener algo muy específico y, sobre todo, que lo han realizado matronas. Por fin, vamos a hablar todos un poco el mismo idioma, porque tú ahora preguntas y en cada centro de salud o en cada hospital tienen sus protocolos internos. Pero cada vez que hay un caso, no sabemos muy bien cuáles son las líneas de actuación.

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