XANDRA ROMERO
SALUD

Los genes, ¿un destino inevitable?

gara-2015-10-13-Noticia

En cuestiones de enfermedades, como, por ejemplo, la obesidad o el sobrepeso aunque también otras como diabetes, cáncer y demás, muchas veces pensamos que están predestinadas, escritas a fuego en nuestro genoma (conjunto de genes) y que es algo inevitable.

Por si alguien piensa así, conviene explicar en qué consiste la epigenética. Este es un término relacionado con la biomedicina y que en griego significa, literalmente, «por encima de la genética». Con esta expresión se hace referencia a los procesos que provocan cambios en la expresión de nuestros genes (sin por ello alterar las “instrucciones” de los genes). Es decir, nos habla de los factores no genéticos que hacen que nuestros genes puedan silenciarse (hacer que no se expresen) o activarse (hacer que se expresen) y que tienen influencia en nuestro desarrollo, apariencia física, salud, etcétera.

Antes de explicar cuáles son estos cambios, hay que comentar cuándo se producen. La forma en la que la parte ambiental se manifiesta sobre nuestra genética se sitúa en tres períodos: prenatal, perinatal y posnatal. Es entonces cuando la nutrición y otros factores (a los que está expuesta la madre antes y durante el embarazo) inciden en el embrión humano para dar lugar a cambios que se mantienen a lo largo de toda la vida, tanto en su apariencia física como en su metabolismo.

Pero, exactamente, ¿qué causa los cambios epigenéticos? Pues parece que la causa principal pueden ser los alimentos (más bien el tipo de dieta), las drogas como el alcohol y el tabaquismo, los rayos ultravioletas del sol y la hormona del estrés, o la falta de sueño. Todos tienen influencia epigenética. Es decir, nuestro estilo de vida es lo que pone en marcha nuestros genes y la “calidad”, por llamarlo de alguna manera, de nuestro estado de salud.

Para entender mejor este proceso, pensemos en las fotos que seguramente hemos visto alguna vez y en las que aparecen dos gemelos que en la infancia son idénticos (idénticos genes) y cómo con el paso del tiempo, ya no se parecen física ni fisiológicamente, aunque sigan siendo genéticamente idénticos, porque quizá uno sufra una enfermedad que el otro no padece o porque parezca mayor que el otro. Esto explica cómo el ambiente (tipo de dieta, consumo de alcohol o tabaco) influye en el patrón epigenético normal que hemos heredado, pudiendo llegar a alterarlo para que al final desarrollemos enfermedades a las que, en principio, no estábamos “predestinados”.

Por lo tanto, parece que cada uno siembra lo que recoge y, en cierto modo, así es, ya que el estilo de vida que se lleve puede provocar ciertos cambios que acaban activando genes que quizás estaban bloqueados.

Pero, ¡cuidado! Quizás algunos piensen que la clave sea cuidarse en “exceso” (obsesionarse) y hartarse de zumos “detox”, multivitamínicos, etcétera. Pues tampoco, porque hasta un exceso de vitaminas puede alterar nuestros patrones epigenéticos normales. Como siempre, la clave está en no entrar en ningún extremo.

Y es que, aunque es cierto que la herencia pesa mucho y que la demostración de que los nutrientes pueden afectar directamente al ADN es algo relativamente reciente, el estilo de vida puede marcar la diferencia.